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por Jorge L. Trujillo

Desde niño escuché a muchos maestros y predicadores decir que "el Diablo no quería que Jesús fuese a la cruz a morir" y que por eso lo tentó en el desierto ofreciéndole los reinos del mundo (Mat. 4). Hace poco escuché decir lo mismo a un buen predicador que suelo escuchar a menudo. Sin embargo, estoy convencido que la Biblia enseña lo contrario.  La meta de Satanás era precisamente quitarle la vida a Jesús durante todo su ministerio en la tierra.

Las dos simientes

Desde el mismo principio de la creación hay una lucha entre dos simientes y es esa la guerra entre "la descendencia de la mujer" y "la descendencia de la serpiente", que es el mismo Satanás, la serpiente antigua (Apocalipsis 12:9, 20:2). La simiente de la serpiente busca destruir física y espiritualmente la simiente de la mujer. Después de haber caído en pecado en el huerto del Edén, Dios dijo a Eva que él podría enemistad entre los hijos de la mujer (el pueblo escogido de Dios) y los hijos de la serpiente (el pueblo de Satanás). Por eso vemos que desde el principio hay dos simientes, dos linajes o grupos de personas mezclados en el mundo y estos están en guerra continua uno contra otro (Gen. 3:15).

Piense en esta verdad sobre las dos simientes cuando lea la advertencia de Dios tanto en el Antiguo Testamento como el nuevo con respecto a no mezclarse en yugo desigual, o contraer matrimonio con los incrédulos. Pablo dice que ellos son templo de Satanás mientras que los creyentes son templo de Dios:

2 Corintios 6:14-18

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? 15 ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? 16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo:

Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo. 17 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18 Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

Muchas veces ha ocurrido que los hijos de Dios han sido engañados y tomados cautivos por los hijos del diablo y por ellos vino Cristo, para librarnos de la esclavitud y prisión de Satanás (Lucas 4:28, Isaías 61:1). Primero vino por medio de libertadores en la historia del pueblo de Israel: Set, Abraham, Moisés, Josué, Los jueces de Israel, David, los profetas, etc. y finalmente vino Jesucristo, Dios en persona. 

La intención y deseo de Satanás, fue siempre la de robar, perseguir, matar y destruir la simiente santa de Dios. Caín, que era del maligno (1 Juan 3:12) y mató a Abel. Esaú que era un profano (Hebreo 12:16) buscaba matar a Jacob. Faraón quien era la cabeza del Reino de la serpiente mató los hijos de los hebreos para acabar con ellos en Egipto, engañó al pueblo en el desierto y logró matar a muchos, persiguió el pueblo de Dios en la tierra prometida por medio de los Filisteos los cuáles eran serpientes (ver Isaías 14:28-30), los enemigos del pueblo mataron a muchos a través de todo el Antiguo Testamento.

Saúl trató en múltiples ocasiones de quitar le la vida a David, quien Dios había escogido para traer el linaje de Jesús el Cristo. Aún entre las doce tribus de Israel hubo una, la tribu de Dan, que era serpiente dentro del pueblo (ver Ge. 49:16-17) y fue juzgada por Dios (Dan significa "Dios juzga"). Cuando vemos el pueblo de Dios al final de la historia en el libro de Apocalipsis notamos la evidente ausencia de Dan dentro de ellos (Apocalipsis 7). Pero siempre Dios triunfó y triunfa.  Satanás en toda la historia no logró ni logrará eliminar la simiente de la mujer, el pueblo de Dios de la faz de la tierra.

Un pueblo especial

Por lo tanto, es también un error de la iglesia querer buscar la aprobación y aceptación del mundo. Cuando se preocupa por eso, significa que no reconoce la guerra real en la que se encuentra. La simiente de la serpiente nunca aceptará el pueblo de Dios y mucho menos aprobará lo que cree y lo que hace. La iglesia no está en la tierra para ser un pueblo especial para Dios y llevar a cabo su misión, no para caerle bien al mundo ni buscar sus aplausos. Los descendientes de la serpiente tienen una agenda muy distinta a la iglesia. Ellos buscan y aman el mundo y su sistema. La iglesia debe estar enfocada “en las cosas de arriba” (Col. 3:1) y amar y buscar el reino de Dios (Mat. 6:33).

No significa que seamos innecesariamente hostiles, sino que seamos conscientes de nuestro rol y separación del mundo. Podemos ser amables y mansos para con los pecadores como lo manda la Palabra (1 Pedro 3:15), y debemos buscar la manera de evangelizarlos (Rom. 1:16), pero debemos permanecer firmes en nuestra posición entendiendo que pertencemos a dos simientes distintas y la guerra entre nosotros es real. Nosotros buscamos la paz pero los hijos del diablo buscan nuestra muerte. No podemos tener amoríos con el mundo, ni con su agenda, y con su sistema. Bien dice la Biblia:

2 Juan 2:15-16

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

La muerte de Jesús

No solo trato el Diablo de eliminar la simiente santa que al final traería al mundo a Cristo, sino que intentó quitar la vida a Jesús cuando nació, y durante toda su vida, y no se detuvo hasta que lo logró. Fue el mismo Satanás quien llevó a Jesús a la cruz. Usó a Judas, quien era hijo de perdición (Juan 16:12), para venderlo y a los líderes de Israel, los hijos del padre diablo para crucificarlo (ver Lucas 22: 1-4). Jesús mismo lo dijo, el diablo es homicida desde el principio (ver Juan 8: 44, 59; Mateo 26:4; Marcos 11:18,14:1; Lucas 4:28-30, 19:47; Juan 5:16, 18, 7:1, 11:53). Satanás quiso matar a Jesús desde su nacimiento.  Usó a Herodes quien mató muchos niños con la intención de matar entre ellos a Jesús.  Desde el comienzo de su ministerio Satanás buscó la muerte de Cristo.  En la tentación lo llevó al alto pináculo del templo y le dijo que se tirara de allí (Lucas 4:9); y luego en Lucas 4:28-30 usó a los líderes para tratar de despeñarlo, pero no era ni el tiempo ni la manera en que debía ser su muerte.

Conclusión

En vista a todo lo expuesto, la contestación a la pregunta del comienzo, la respuesta es no, Satanás no quería impedir la muerte de Jesús.  Al contrario, la buscaba de muchas maneras hasta que en el tiempo de Dios lo logró. Cristo mismo puso su vida cuando llegó la hora de su muerte. Satanás y sus hijos pensaron que habían ganado, pero como "se le vira la tortilla" a un mal cocinero, o como a un mal tirador "le sale el tiro por la culata" el enemigo vio su propia destrucción al llevar a Cristo a la cruz. Los gobernantes judíos y romanos del tiempo de Jesús no tenían la sabiduría divina, y fue precisamente por esa ceguera espiritual bajo el poder del diablo que mataron a Jesús:

1 Corintios 2:7-8

Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria 8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria

Pero fue por medio de la muerte en la cruz que Jesús conquistó nuestra victoria y destruyó al diablo que tenía el imperio de la muerte:

Hebreos 2:14-15

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo, 15 Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre.

Una vez entendemos esto también podemos ver claramente que Jesús no vino a rescatar la simiente de la serpiente sino la simiente de la mujer. Jesús vino a expiar y librar de la cárcel a la iglesia del Antiguo y Nuevo Testamento, el pueblo escogido de Dios. No vino a redimir los lobos sino a rescatar las ovejas de su redil. Y en su empeño el diablo y sus hijos siguen persiguiendo los hijos de Dios, los que creen en Jesús y guardan los mandamientos de Dios. Los pueden alejar, perseguir, y matar físicamente pero nunca podrán destruirlos.  Finalmente, tanto el diablo, la serpiente antigua con toda su descendencia humana serán echados al lago de fuego y destruidos con pena de destrucción eternamente (2 Tes. 1). Pero los justos resplandeceremos en el reino de Dios nuestro Padre muy felices como corderitos de Su manada.

¡Aleluya!!

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Escrito: 2 de julio, 2023.