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Categoría de nivel principal o raíz: Escatología Bíblica
Categoría: Profecías del Reino en el Antiguo Testamento
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Por: Sam Storms (Pastor en Bridgeway Church, Oklahoma City, OK)

Traducido por Paula Bautista

 

Un amigo me escribió hace poco, preguntando mi opinión sobre si Israel tiene o no un derecho bíblico a la Tierra Santa. Es decir, ¿puede Israel apelar al pacto hecho con Abraham, Isaac y Jacob como base para su presencia en y posesión de la tierra de Palestina? Mi amigo se preguntaba si la perspectiva que yo apoyo es lo que muchos han llamado teología del “reemplazo”. Permítanme aprovechar esta oportunidad para abordar el tema.

Antes de hacerlo, son necesarios dos comentarios de introducción. Primero, quiero hacer un llamado a todos los que participan en este debate a que lo hagamos con civismo y generosidad hacia aquellos con quienes estamos en desacuerdo. Hago esta solicitud porque he notado que estar en desacuerdo con lo que ha llegado a conocerse como “sionismo cristiano” lo expone a uno a ser acusado de antisemitismo o de una ceguera inducida por demonios. Espero que todos podamos coincidir en que este es un asunto que requiere un estudio cuidadoso y paciente de las Escrituras y una disposición al diálogo con una mente abierta.

Segundo, mientras ministraba en Georgia recientemente, leí un artículo perturbador en el Atlanta Journal-Constitution (jueves, 27 octubre, 2005). Luego, al día siguiente volví a leer una noticia similar en el Drudge Report. Ambos artículos reportaban que el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, pidió que Israel sea “borrado del mapa”. Él también denunció los intentos de reconocer a Israel o de normalizar las relaciones con este. De acuerdo con el artículo, el presidente iraní declaró que “cualquiera que reconozca a Israel arderá en el fuego de la furia de la nación islámica”. Después de que muchos jefes de estado denunciaran al presidente iraní por estos comentarios, se desencadenaron protestas masivas en ciudades iraníes que expresaban rabia y desprecio por la existencia de la nación de Israel.

Quiero ser perfectamente claro. Yo espero y oro para que todos los ciudadanos americanos, sean cristianos o no, expresen con firmeza su oposición a este tipo de retórica malvada e irresponsable. Creo que Israel tiene todo el derecho a existir y florecer como nación y espero que los Estados Unidos mantengan su vigilancia y defensa de Israel contra tales amenazas islámicas y futuros ataques.

Claramente, entonces, yo creo que Israel tiene derecho a existir en la tierra y que nosotros tenemos una obligación moral y política de apoyarle en contra de todos sus enemigos. Pero eso no es lo mismo que decir que Israel tiene un derecho bíblico o de pacto al territorio sobre el cual tanta sangre ha sido derramada en los últimos años (de hecho, siglos). Esto tampoco responde la pregunta de qué rol, si es que alguno, tendrá la “tierra prometida” en los propósitos redentores de Dios para Su pueblo en esta tierra. Ese asunto particular es lo que voy a examinar ahora.

Primero, creo que cuando Dios estableció Su pacto en Génesis 12, Él afirmó que la descendencia (algunas traducciones dicen “simiente”) de Abraham heredaría la tierra de Canaán (entre otras cosas) en cumplimiento de la promesa.

Pero nunca debemos leer tales promesas, ni nada en el Antiguo Testamento, como si Jesús no hubiera venido y el Nuevo Testamento no hubiera sido escrito. O, para ponerlo en términos más positivos, el Antiguo Testamento siempre tiene que ser leído a la luz del Nuevo. Yo nunca leo esos pasajes del AT sin preguntar inmediatamente: “¿El Nuevo Testamento arroja luz adicional en cuanto a cómo debo entender esas promesas y sus recipientes?”.

 

Hay varios textos que arrojan bastante luz sobre cómo debemos entender el pacto hecho con Abraham y su descendencia:

 

(1) Considera Romanos 9:6-7. El contexto de este pasaje es la respuesta de Pablo a la acusación de que no se puede confiar en Dios porque muchos israelitas, sus “parientes según la carne” (9:3), están en incredulidad. Si no es posible confiar en que Dios cumpla Su promesa del pacto al Israel del Antiguo Testamento, ¿cómo es posible confiar en que Él cumplirá cualquiera de Sus promesas a la iglesia del NT?

O de nuevo, podríamos decirlo así: si Israel es el pueblo del pacto de Dios, a quienes han sido otorgados tantos privilegios gloriosos (Romanos 9:4-5), ¿por qué son salvos tan pocos israelitas? ¿Por qué tantos de ellos son “anatema, separados de Cristo”? ¿La Palabra de Dios ha fallado? ¿La promesa del pacto de Dios y Su propósito eterno han sido inútiles? ¿El rechazo de Jesucristo por parte de la mayoría de los israelitas ha frustrado el propósito de Dios? ¿La fiabilidad y finalidad de la palabra de Dios han sido debilitadas por la incredulidad de tantos judíos? La respuesta de Pablo es un contundente ¡No!

Si la palabra de la promesa y el pacto de Dios es que todos los israelitas étnicos, es decir, todos aquellos que descienden físicamente de Israel, serán salvos, entonces claramente Su propósito ha fallado y Su Palabra es vacía. Pero Pablo niega que Dios tuviera la intención de salvar a todos los israelitas étnicos. Su propósito siempre ha sido salvar a un remanente al interior, pero no a la totalidad, del Israel étnico. Este es el énfasis de su declaración cuando dice que “no todos los que descienden de Israel son israelitas” (9:6).

Hay un Israel dentro de Israel. Hay un remanente escogido espiritualmente dentro de la nación física. John Murray lo resume así: “el propósito de esta distinción es mostrar que la promesa del pacto de Dios no hacía referencia a Israel según la carne sino al verdadero Israel y que, por tanto, la incredulidad y el rechazo del Israel étnico como conjunto de ninguna manera interfirió con el cumplimiento del propósito y la promesa del pacto de Dios. La Palabra de Dios, por tanto, no ha sido violada”.

 

En términos sencillos: no toda persona que es un israelita étnico físicamente es un israelita escogido espiritualmente.

 

Douglas Moo lo resume así:

“Si el AT enseña que pertenecer al Israel físico en sí hace que una persona sea miembro del pueblo verdadero y espiritual de Dios, entonces el evangelio de Pablo está en riesgo. Pues si así fuera, el evangelio, proclamando que solo aquellos que creen en Jesucristo pueden ser salvos (cf. 3:20-26), contradiría el AT y sería cortado de sus raíces históricas indispensables. Por eso Pablo argumenta en Romanos 9:6b-29 que pertenecer al verdadero pueblo espiritual de Dios siempre se ha basado en el llamado soberano y de gracia de Dios y no en la identidad étnica. Por tanto, Dios es libre de ‘reducir’ los límites aparentes de la elección al escoger solo a algunos judíos para que sean salvados (vv. 6-13; 27-29). Él también es libre de ‘expandir’ las dimensiones de Su pueblo al escoger gentiles (vv. 24-26)”.

 

Entonces vemos que la promesa inicial en Génesis 12 no significaba que todos los descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob serían salvos o heredarían las bendiciones, tales como la tierra, vinculadas al pacto. Tenemos que recordar, dice Pablo (he agregado una paráfrasis), que “no todos los que descienden de Israel [es decir, la simiente física] son israelitas [es decir, la simiente espiritual], ni por ser descendientes de Abraham [es decir, herederos de la promesa], son todos hijos [físicos o étnicos]” (9:6b-7).

 

 (2) Este no es el único pasaje que proporciona claridad con respecto a la identidad del “verdadero” Israel, es decir, las personas para quienes se cumplirán las promesas del pacto. Tal vez el texto más explícito se encuentra en Efesios 2.

Ya vimos en Romanos 9:6-7 que simplemente ser un descendiente físico de Abraham no garantiza que uno sea recipiente de las bendiciones del pacto. Uno tiene que creer en Jesús como el Mesías. ¿Esto sugiere entonces que solo los creyentes que son la progenie física de Abraham son los herederos de las bendiciones del pacto? No. Veamos Efesios 2:11 y los versículos siguientes.

Al leer este capítulo descubro que por causa de la obra de Cristo el significado de “Israel” ahora se ha expandido. Ya no se refiere simplemente a los descendientes físicos de Abraham que creen en el Mesías. Ciertamente los incluye. Pero ahora los creyentes gentiles “ya no son extranjeros” a los pactos de promesa ni “advenedizos” en cuanto a la comunidad de Israel, sino que son “coherederos” con ellos y “copartícipes” de todas las bendiciones del pacto (ver Efesios 2:11-19 y 3:6).

Al contrario de lo que algunos han interpretado, nadie ha sido “reemplazado”. En cambio, los gentiles creyentes han sido “incluidos”, de modo que ahora, como dice Pablo en Efesios 2:14-15, hay solo “un nuevo hombre”, es decir, la iglesia.

Observa nuevamente que por virtud de Su obra Cristo ha creado “en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre” (Efesios 2:15). Este cuerpo, este nuevo hombre, la iglesia, es el único pueblo verdadero de Dios que va a heredar las promesas hechas a Abraham. Este nuevo hombre, la iglesia, consiste en judíos creyentes y gentiles creyentes, los cuales ahora son ambos coherederos de todas las promesas.

Por eso Pedro puede tomar esos privilegios y títulos especiales reservados para el Israel del AT (Éxodo 19:5-6) y aplicarlos libremente a la iglesia del NT. Este nuevo hombre, la iglesia, dice Pedro, es el “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9).

El apóstol Pablo no podría haberlo dicho con mayor claridad: “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra” (Romanos 2:28-29a). La “circuncisión real”, dice Pablo, incluye a “los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne” (Filipenses 3:3).

En este punto usualmente se levanta una objeción que suena algo así: “Pero cuando leo Génesis 12:7 y 13:15-16 y 17:7-8 dice muy claramente que Dios estableció Su pacto y legó la tierra a Abraham y Su simiente o descendencia. ¿Eso no deja el asunto establecido de manera definitiva?”. No, porque también debemos preguntar: “en vista de la venida de Cristo, ¿qué nos dice el NT acerca de la identidad de la ‘simiente’ a la cual fue dada esta promesa?”.

 

(3) La respuesta a esta pregunta se encuentra no solo en Romanos 9 y Efesios 2, sino también en Gálatas 3, donde Pablo hace una declaración sorprendente. Él nos proporciona un comentario inspirado sobre la interpretación de esos pasajes del AT.

 

En el v. 16 declara: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente [o descendencia]. No dice: Y a las simientes [o descendencias], como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo”. ¡Maravilloso! Aquí Pablo dice inequívocamente que la “simiente” o “descendencia” de Abraham con quien Dios estableció Su pacto y a quien fueron prometidas la tierra y todas las bendiciones fue, en última instancia, solo UNO de los descendientes físicos de Abraham, ¡Jesús el Mesías! Jesús es “LA SIMIENTE” de Abraham que Dios tenía en mente cuando hizo Su promesa del pacto.

Al leer esto uno podría pensar que ahora la puerta ha sido cerrada para todos los demás, sean judíos o gentiles, y que solo Jesús heredará las promesas. Pero justo cuando crees que Pablo lo ha reducido a una persona y solamente a una persona, él abre ampliamente la puerta a las bendiciones del reino de Dios al decir al final de Gálatas 3: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y SI VOSOTROS SOIS DE CRISTO, CIERTAMENTE LINAJE DE ABRAHAM SOIS [ES DECIR, SIMIENTE], Y HEREDEROS SEGÚN LA PROMESA” (vv. 28-29).

Este es el punto sorprendente de Pablo: Jesús el Mesías es el descendiente o la simiente o linaje de Abraham a quien fueron dadas las promesas. Pero, si tú estás “en Cristo” por medio de la fe y en consecuencia le perteneces a Él, entonces tú también eres “linaje de Abraham” o “descendiente” y en consecuencia ¡tú también eres un heredero de las promesas del pacto! Por eso Pablo puede decir “que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham” (Gálatas 3:7) y que “los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gálatas 3:9; cf. 3:14).

La conclusión de Pablo es que en última instancia el origen étnico no tiene nada que ver con quién va a heredar o no las promesas. Tampoco importan el género (“no hay varón ni mujer”) ni el estatus socioeconómico (“no hay esclavo ni libre”). El único criterio relevante es si tú estás relacionado o no por fe con el único descendiente de Abraham para quien estaban dirigidas las promesas del pacto. ¿Estás “en Cristo”? Si es así, tú (independientemente de tu etnia, género o estatus social) eres descendiente de Abraham y perteneces a aquellos para quienes fue hecho el pacto y en quienes las bendiciones del pacto tienen cumplimiento.

Alguien podría decir: “Pero, espera un minuto. Eso no es lo que los textos del AT dicen. Dicen que las promesas solo fueron dadas a y serán cumplidas en los judíos creyentes”. Eso es cierto. Por eso Pablo dijo con toda la claridad posible en Efesios 3:4-6 que la inclusión de los gentiles como coherederos es el “misterio” de Cristo “que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres” (es decir, en el tiempo del AT) pero “ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (3:5). Los gentiles creyentes son tan “judíos”, en el único sentido que le importa a Dios, es decir espiritualmente (cf. Romanos 2:28-29), como cualquiera de los descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob.

Así que, sí, es cierto que solo los “judíos” creyentes heredarán las promesas dadas a Abraham, Isaac y Jacob. Pero los “verdaderos judíos” que son herederos incluye a todos los de cualquier origen étnico que están “en Cristo”.

Hay muchos otros textos del NT que afirman la misma verdad (ver Parte 2 de esta serie). Mi objetivo aquí es simplemente aclarar por qué yo veo a la iglesia como el “nuevo hombre”, el verdadero Israel de Dios en quien y para quien todas las promesas serán cumplidas. Las promesas no serán cumplidas exclusivamente en y para una “nación” separada de israelitas étnicos, sino en y para todos los israelitas étnicos creyentes junto con todos los gentiles étnicos creyentes, es decir, la iglesia.

 

(4) La misma idea aparece en Romanos 11 donde Pablo usa la imagen de un árbol de olivo. La teología del reemplazo afirmaría que Dios ha desarraigado y desechado eternamente el árbol de olivo que es Israel y ha plantado, en su lugar, uno completamente nuevo, la iglesia. Todas las promesas dadas al primero han sido transferidas al último.

Pero esto no es lo que dice Pablo. Él afirma claramente que sólo hay un árbol de olivo, arraigado en las promesas dadas a los patriarcas. En este árbol (es decir, en este único pueblo de Dios) hay tanto judíos creyentes (ramas naturales) como gentiles creyentes (ramas injertadas). Juntas estas constituyen el pueblo de Dios, el verdadero Israel en quien y para quien las promesas serán cumplidas. Este único pueblo es, por supuesto, la iglesia.

Ni el judío creyente ni el gentil creyente tiene ninguna ventaja sobre el otro. En lo concerniente a heredar las promesas, lo cual incluye la “tierra”, ellos son coherederos. En efecto, para heredar las promesas, la etnia es irrelevante. El único factor relevante es la relación que uno tenga con Jesucristo por fe.

Anteriormente dije que hay otros textos en el NT que abordan este mismo punto, y voy a mencionar brevemente varios de ellos en la Parte 2 de esta serie. Luego, en la Parte 3, volveré a considerar el asunto que impulsó este estudio en primer lugar: la “tierra” prometida a Israel y la disputa hoy en Palestina en cuanto a quién tiene derechos territoriales.

Disponible en https://www.samstorms.org/all-articles/post/the-church--israel--and--replacement--theology---part-1

 

 


 

LA IGLESIA, ISRAEL Y LA TEOLOGÍA DEL ‘REEMPLAZO’ – PARTE II

Por: Sam Storms (Pastor en Bridgeway Church, Oklahoma City, OK)

Traducido por Arlington Vaca

 

Hay numerosos pasajes en el Nuevo Testamento donde las profecías del Antiguo Testamento sobre la reunión y restauración de Israel se aplican a la Iglesia, lo que indica que este último es el "verdadero Israel" compuesto tanto por judíos creyentes como por gentiles creyentes en quienes se cumplirán las promesas. O, para decirlo en otros términos, la Iglesia no reemplaza a Israel, sino que toma y perpetúa en sí misma el remanente de creyentes dentro de la nación como un todo.

El "verdadero Israel" de Dios, que en el Antiguo Testamento estaba compuesto por todos los judíos étnicos que estaban circuncidados de corazón, encuentra su expresión en el Nuevo Testamento en la Iglesia, ahora compuesta por todos los judíos étnicos creyentes y todos los gentiles étnicos creyentes. O, para usar las imágenes de Pablo de Romanos 11, el único Olivo = Verdadero Israel = la Iglesia en la que hay ramas naturales (judías) y no naturales (gentiles), pero en todos los casos "ramas creyentes".

Esta es la única manera en que puedo explicar o dar cuenta de esos muchos textos en los que las profecías, las promesas, los títulos y los privilegios que describen a Israel en el AT son aplicados y cumplidos por la Iglesia en el NT. Tendrán que bastar algunos ejemplos representativos.

(1) En Hechos 15:14-18, Santiago interpreta la profecía de Amós 9 que describe la reconstrucción del tabernáculo de David, encontrando su cumplimiento en el llamamiento de los gentiles y la formación progresiva de la Iglesia cristiana.

(2) En Romanos 9:25-26, Pablo cita dos pasajes en Oseas (2:23 y 1:10) que fueron dirigidos a las 10 tribus apóstatas del norte de Israel antes del exilio asirio en 722-21 a.C. Describen tanto la condición rebelde de Israel ("no mi pueblo" / "no amado") como su restauración futura profetizada ("mi pueblo" / "amados" / "hijos del Dios viviente").

 

Pero aquí Pablo los aplica al llamamiento o la salvación de los gentiles. Estoy de acuerdo con George Ladd en que "Pablo toma deliberadamente estas dos profecías sobre la futura salvación de Israel y las aplica a la iglesia. La iglesia, que consta de judíos y gentiles, se ha convertido en el pueblo de Dios. Las profecías de Oseas se cumplen en la iglesia cristiana. Si esto es una hermenéutica espiritualizadora, que así sea. Pero que nadie diga que es liberalismo. Es claramente lo que el Nuevo Testamento hace con las profecías del Antiguo Testamento ".

Según este punto de vista, la promesa profética del Antiguo Testamento de la reunión de Israel en la fe del pacto con Yahvé se está cumpliendo progresivamente en la salvación de los judíos y gentiles creyentes en esta era presente, es decir, en la Iglesia. El llamamiento a los gentiles de toda tribu, lengua, pueblo y nación es la restauración profetizada de Israel, porque la Iglesia es la continuación y maduración del remanente creyente de Israel.

(3) En Apocalipsis 2:17, Juan (citando a Jesús) promete a los vencedores (es decir, la Iglesia) un "nombre nuevo" que "nadie conoce excepto el que lo recibe". Esta es una clara referencia a la profecía de Isa. 62:2 ("Y las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y serás llamado con un nombre nuevo, que la boca del Señor designará") y 65:15 ("pero Mis siervos serán llamados por otro nombre”) sobre el futuro estado real de Israel y la restauración a Yahvé, los cuales ahora se aplican a individuos dentro de la iglesia.

(4) Apocalipsis 3:9 es especialmente instructivo. Aquí Jesús promete a la Iglesia en Filadelfia que “hará a aquellos de la sinagoga de Satanás que dicen que son judíos y no lo son, pero mienten; he aquí, los haré venir y postrarse ante tus pies y aprenderán que yo te he amado ". Hay dos puntos importantes que destacar.

Primero, se refiere a personas que “dicen ser judíos y no lo son, pero mienten” (para una declaración casi idéntica, ver Apocalipsis 2:9). Claramente, en un sentido, estas personas son judíos, los descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob, quienes se reunían regularmente en la sinagoga para adorar. Sin embargo, en otro sentido, es decir, interior y espiritualmente, no son judíos, habiendo rechazado a Jesús y ahora perseguido y calumniado a su pueblo. De hecho, sus reuniones en la sinagoga son estimuladas por el mismo Satanás.

Pero si son judíos falsos, ¿quiénes son los verdaderos judíos? Si son una sinagoga de Satanás, ¿quién, entonces, constituye una sinagoga de Dios? Juan no proporciona una respuesta explícita, pero la implicación parece clara. Ladd explica:

 

“Los verdaderos judíos son el pueblo del Mesías. Pablo dice lo mismo muy claramente: “Porque no es un judío real el que lo es exteriormente, ni la verdadera circuncisión es algo externo y físico. Es judío el que lo es interiormente, y la verdadera circuncisión es un asunto del corazón, espiritual y no carnal ”(Rom. 2:28-29). Que este 'judaísmo del corazón' no debe limitarse a los judíos creyentes, sino que incluye a los gentiles creyentes, se desprende claramente de las palabras de Pablo a los filipenses: 'Porque nosotros somos la verdadera circuncisión, que adoramos a Dios en espíritu y nos gloriamos en Cristo Jesús' ( Filipenses 3:3). Debemos concluir, entonces, que Juan hace una distinción real entre el Israel carnal, los judíos, y el Israel espiritual, la iglesia ”(43-44).

La segunda cosa importante de este texto es que en él encontramos una alusión a varios textos del Antiguo Testamento en los que se profetiza que los gentiles vendrán y se postrarán ante Israel en los últimos días. Por ejemplo:

 “Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel.”
(Isa. 60:14).

 “Así dice Jehová: El trabajo de Egipto, las mercaderías de Etiopía, y los sabeos, hombres de elevada estatura, se pasarán a ti y serán tuyos; irán en pos de ti, pasarán con grillos; te harán reverencia y te suplicarán diciendo: Ciertamente en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios.” (Isaías 45:14).

 “Reyes serán tus ayos, y sus reinas tus nodrizas; con el rostro inclinado a tierra te adorarán, y lamerán el polvo de tus pies; y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí.”

(Isaías 49:23).

Pero, como señala David Aune, “El uso irónico de este motivo es claro: en todos estos pasajes se espera que los gentiles se postren ante Israel, mientras que en Apocalipsis 3:9 se espera que los judíos se postren ante los pies de esta (mayormente gentil) comunidad cristiana” (1:237-38).

Lo que hace que esto sea aún más intrigante es el hecho de que en Isaías 60:14 “ellos” (los gentiles) llamarán a “ustedes” (los israelitas) “la ciudad del Señor, la Sión del Santo de Israel”. Esto es precisamente lo que vemos en Apocalipsis 3:12, ¡excepto que en este último se dice de la Iglesia! Allí leemos que estos mismos vencedores ante quienes estos judíos se postran reciben el nombre de. . . “La ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén”! Y tenga en cuenta que el nombre por el cual Jesús se identifica a sí mismo ante los creyentes de Filadelfia es “el Santo” (reforzando así el vínculo entre Apocalipsis 3 e Isaías 60).

De manera similar, las palabras "sabrán que te he amado" pueden ser una alusión a Isa. 43:4 (“Ya que tú [Israel] eres precioso ante Mis ojos, ya que eres honrado y yo te amo…”), reforzando así la noción de que Juan vio en la iglesia el cumplimiento de estas promesas proféticas del Antiguo Testamento. En otras palabras, el cumplimiento de estas profecías Isaiánicas “será lo contrario de lo que esperan los judíos de Filadelfia: Ellos tendrán que 'postrarse ante tus pies' y reconocer 'que te he amado'. Dejemos que los cristianos se animen, porque es en ellos que el Señor ha puesto su favor ”(Wilcock, 54).

(5) Apocalipsis 7:15 habla de los santos en el "templo" celestial de Dios y de Dios "extendiendo su tabernáculo sobre ellos". Esta es una clara alusión a Ezequiel 37:26-28, un pasaje que en su contexto del Antiguo Testamento es una profecía de la restauración de Israel. Allí Dios dice: “Estableceré mi santuario en medio de ellos para siempre. Y mi tabernáculo estará sobre ellos. . . cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre ”. Considere los comentarios de Beale:

“El vínculo con Ezequiel se confirma a partir del paralelo en Apocalipsis 21:3, donde Ezequiel. 37:27 se cita con más detalle y es seguido inmediatamente en 21:4,6b por las mismas alusiones del AT que se encuentran en 7:16-17. Una vez más, las innumerables multitudes de redimidos en la iglesia son vistas como el cumplimiento de una profecía sobre la restauración de Israel en los últimos días. La aplicación de Ezequiel 37:27 a la iglesia es sorprendente porque Ezequiel enfatiza que cuando esta profecía suceda, el resultado inmediato será que 'las naciones reconocerán que yo soy el Señor que santifica a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos' (37:28) . Por lo tanto, Ezequiel 37 fue una profecía aplicable únicamente al Israel étnico o teocrático en contraste con las naciones, pero ahora Juan lo entiende como cumplido en la iglesia ”(440).

Los consuelos y bendiciones de la presencia de Dios se describen en términos extraídos de Isaías 49:10, otro texto que se refiere a los resultados de la restauración de Israel: “No tendrán hambre ni sed, ni el calor del desierto ni el sol los golpeará. El que tiene compasión de ellos los guiará [es decir, será su pastor] y los conducirá junto a manantiales de agua ".

Como si eso no fuera suficiente, otra promesa profética ligada a la restauración de Israel se adjunta a esta lista de bendiciones que ahora se aplica a la iglesia: "Dios enjugará toda lágrima de sus ojos" (Isa. 25:8; Apoc. 7:17). ). Parece que no hay escapatoria al hecho de que Juan ve la esperanza del Antiguo Testamento de la restauración de Israel y todas sus bendiciones concomitantes cumplidas en la salvación de las multitudes cristianas que componen la iglesia, tanto judíos creyentes como gentiles.

(6) En Apocalipsis 21:14, el muro de la Nueva Jerusalén tiene “doce piedras fundamentales” en las que estaban escritos los nombres de los doce apóstoles (v. 14). El número "24", la suma de las 12 tribus y los 12 apóstoles, ya ha aparecido en 4:4. Algunos apuntan a la organización de David de los siervos del templo en 24 órdenes de sacerdotes (1 Crón. 24:3-19), 24 porteros levitas (26:17-19) y 24 órdenes de levitas (25:6-31).

Estoy de acuerdo con Beale en que “la integración de los apóstoles junto con las tribus de Israel como parte de la estructura de la ciudad-templo profetizada en Ezequiel 40-48 confirma aún más. . . que la iglesia cristiana multirracial será el grupo redimido que, junto con Cristo, cumplirá la profecía de Ezequiel del futuro templo y ciudad ”(1070). Por lo tanto, aquí nuevamente vemos un énfasis en el único pueblo de Dios, compuesto por judíos creyentes y gentiles creyentes, quienes juntos heredan igualmente las promesas.

Estos no son de ninguna manera todos los textos que afirman esta verdad. Profundizar sólo en los evangelios sinópticos (tal vez algo que haga en un estudio posterior) revelaría muchos otros casos en los que la Iglesia es retratada como la continuación y maduración del remanente creyente del Israel del Antiguo Testamento y, por lo tanto, herederos según la promesa.

Déjame decirlo de nuevo claramente antes de terminar. Ni un solo judío étnico que crea en Jesucristo como el Mesías ha sido “reemplazado”, o ha perdido su herencia en las bendiciones del pacto. Más bien, cada gentil étnico que cree en Jesucristo como el Mesías ha sido "incluido" en la comunidad de Israel e injertado en el único olivo. Por lo tanto, el verdadero Israel, la verdadera "simiente" de Abraham, es decir, todos y cada uno de los que están "en Cristo" por fe, independientemente de su origen étnico, heredarán juntos las bendiciones del pacto.

En la tercera y última entrega de esta breve serie abordaré la cuestión de la tierra santa. ¿De quién es, ahora y en la eternidad, y sobre qué base?

Disponible en: https://www.samstorms.org/all-articles/post/the-church--israel--and--replacement--theology---part-iii

 


LA IGLESIA, ISRAEL Y LA TEOLOGÍA DEL ‘REEMPLAZO’ – PARTE III

 

Por: Sam Storms (Pastor en Bridgeway Church, Oklahoma City, OK)

Traducido al español por: Carlos J. Alarcón Q.

 

En las partes uno y dos de este estudio, sostuve que el Nuevo Testamento nos proporciona una definición ampliada de lo que constituye un "israelita" o un "judío". O quizás podríamos decir que el NT nos proporciona una perspectiva "cristificada" sobre el pueblo de Dios. La etnicidad ya no es la principal preocupación. Tener la sangre de Abraham en las venas de uno no es la consideración principal, sino más bien tener la fe de Abraham en el corazón de uno. Jesús es la verdadera "simiente" de Abraham a quien se le dio la promesa. Pero si alguien está "en Cristo" por fe, él o ella es la "simiente" de Abraham y, por lo tanto, un heredero según la promesa.

Habíamos quedado en la pregunta de la disposición final de la tierra que se incluyó en el pacto abrahámico. ¿Qué se hace de ese elemento en la promesa?

Creo que esa promesa se cumplirá literalmente, pero no meramente (o incluso principalmente) en la tierra de Canaán. Es importante notar que las promesas del pacto inicial de la tierra de Canaán a Abraham (Génesis 12,13,15,17) experimentan una expansión considerable en la Escritura, una expansión de tal naturaleza que el cumplimiento final solo podría realizarse en la Tierra Nueva. Me parece útil la descripción de Anthony Hoekema. Se refiere a Génesis 17:8 y la promesa de la tierra a Abraham, y dice:

Tenga en cuenta que Dios prometió dar la tierra de Canaán no sólo a los descendientes de Abraham sino también al propio Abraham. Sin embargo, Abraham nunca tuvo tanto como un pie cuadrado de tierra en la tierra de Canaán (véase Hechos 7:5), excepto por la cueva de entierro que tuvo que comprar a los hititas (véase Génesis 23). ¿Cuál era, ahora, la actitud de Abraham con respecto a esta promesa de la herencia de la tierra de Canaán, que nunca se cumplió durante su propia vida? Recibimos una respuesta a esta pregunta del libro de Hebreos. En el capítulo 11, versículos 9-10, leemos: ‘Por fe él [Abraham] residió en la tierra prometida, como en una tierra extranjera, viviendo en tiendas de campaña con Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo constructor y hacedor es Dios". Por ‘la ciudad que tiene fundamentos’ debemos entender la ciudad santa o la nueva Jerusalén que se encontrará en la tierra nueva. En otras palabras, Abraham esperaba que la nueva tierra fuera el cumplimiento real de la herencia que se le había prometido, y también lo hicieron los otros patriarcas” (La Biblia y el futuro, p. 278).

Y nuevamente:

“Cuando entendemos adecuadamente las enseñanzas bíblicas sobre la tierra nueva, muchos otros pasajes de las Escrituras comienzan a caer en un patrón significativo. Por ejemplo, en el Salmo 37:11 leemos: "Pero los mansos poseerán la tierra". Es significativo observar cómo la paráfrasis de Jesús de este pasaje en su Sermón del Monte refleja la expansión del concepto de la tierra en el Nuevo Testamento: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5). De Génesis 17:8 aprendimos que Dios prometió dar a Abraham y a su simiente toda la tierra de Canaán para una posesión eterna, pero en Romanos 4:13 Pablo habla de la promesa a Abraham y a sus descendientes de que heredarían el mundo. tenga en cuenta que la tierra de Canaán en Génesis se ha convertido en el mundo en Romanos" (pp. 281-82).

Como Hoekema señaló anteriormente, un pasaje significativo que aborda este tema se encuentra en Hebreos 11. Permítanme comenzar con una pregunta: ¿Cómo explicamos que cuando Abraham finalmente llegó a la tierra prometida solo peregrinó allí, ‘cómo un extranjero... como en un país extranjero?’ (Hebreos 11:9, 13). Philip Hughes pregunta con razón: ‘¿En qué sentido podría decirse que recibió esta tierra como herencia cuando era un territorio en el que no llevaba una existencia establecida y al que no tenía derecho de propiedad?’ (467). No necesitamos especular una respuesta, ya que el texto proporciona la suya propia en el v. 10, "porque estaba buscando la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios".

¿Qué es esta ciudad? Es esa ciudad que Dios ha preparado para ellos (v. 16), mencionada nuevamente en Heb. 12:22 como la "ciudad del Dios viviente, la Jerusalén celestial". Ver también Heb. 13:14, donde leemos, "porque aquí [es decir, en esta tierra presente] no tenemos una ciudad duradera, sino estamos buscando la ciudad que está por venir". Esto seguramente se refiere a la Jerusalén celestial de Heb. 12:22, la ciudad que tiene fundamentos (v. 10). Note también Apocalipsis 21:1-2, especialmente el versículo 2 donde leemos que Juan "vio la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo de Dios" (cf. 21:9-11). La razón, entonces, de por qué Abraham era un extranjero y exiliado en Canaán, fue porque vio que la tierra terrenal era un tipo de tierra / país celestial y más sustancial.

El punto es que los patriarcas no buscaron en la tierra física de Canaán su posesión eterna. El punto focal de la promesa de la tierra del Antiguo Testamento estaba en la tierra, sin duda, pero en la tierra celestial (Heb. 11:16) de la nueva tierra con su característica central, la Nueva Jerusalén.

Se dice que Abraham, a quien se le prometió originalmente la tierra de Canaán, recibe el cumplimiento de esa promesa, no en el Canaán geográfico, sino en la Jerusalén celestial. ¡Abraham es el heredero, no solo de Canaán, sino del mundo! De hecho, según Heb. 11:9-10, fue la expectativa de Abraham de una bendición permanente y perfecta en la ciudad celestial lo que le permitió someterse pacientemente a las molestias y decepciones durante su peregrinación en Canaán.

Vea también a Heb. 11:13-16. Los patriarcas mismos "reconocieron que eran extraños y exiliados en la tierra" (v. 13). Murieron sin recibir la promesa, solo la habían visto desde lejos. Su esperanza no se centró en ninguna herencia terrenal, sino, como lo indica el v. 16, en "una tierra mejor, es decir, una celestial". F. F. Bruce lo resume bien al señalar que, de acuerdo con el v. 16,

"su verdadera patria no estaba en la tierra en absoluto. La mejor tierra en la que habían puesto sus corazones era celestial. El Canaán terrenal y la Jerusalén terrenal no eran más que lecciones objetivas temporales que señalaban el descanso eterno de los santos, la bien fundada ciudad de Dios "(305).

La tierra prometida de Abraham, así como profecías como Isa. 65:17; 66:22; 32:15; 35: 2,7,10; 11:9, que hablan de una restauración del cosmos, deben cumplirse en la nueva tierra en la nueva creación, no en una tierra milenaria en la tierra antigua.

Por lo general, en este punto, alguien preguntará: "¿Pero el cumplimiento no tiene que mantener una correspondencia literal uno a uno con la promesa?" En otras palabras, el cumplimiento debe consistir en lo que solo se puede llamar una "reproducción fotográfica" de la promesa. Por lo tanto (así continúa el argumento), Dios no ha cumplido su compromiso de pacto con la nación de Israel si no la posee y disfruta de las dimensiones geográficas precisas como se describe en Génesis 12, 13, 15 y 17.

Claramente, creo que esto fundamentalmente malinterpreta la naturaleza de la promesa y el cumplimiento, así como la relación entre los dos testamentos. Pero considere esta ilustración, según lo provisto por Greg Beale en su excelente libro, "The Temple and The Church’s Mission” (El Templo y la Misión de la Iglesia) (IVP). Imagine que un padre, en 1900, le promete a su hijo un caballo y un cochecito cuando crezca y se case:

“Durante los primeros años de expectativa, el hijo reflexiona sobre el tamaño particular del cochecito, sus contornos y estilo, su hermoso asiento de cuero y el tamaño y raza del caballo que dibujaría el cochecito. Quizás el padre tenía conocimiento de los primeros experimentos en otros lugares de que la invención del automóvil estaba en el horizonte, pero acuñó la promesa a su hijo en términos que su hijo entendería. Años más tarde, cuando el hijo se casa, el padre le da a la pareja un automóvil, que desde entonces ha sido inventado y producido en masa. ¿Está decepcionado el hijo al recibir un automóvil en lugar de un caballo y un carrito? ¿No es este un cumplimiento "literal" de la promesa? De hecho, la esencia de la palabra del padre ha permanecido igual: un modo conveniente de transporte. Lo que ha cambiado es la forma precisa de transporte prometida. El progreso de la tecnología ha intensificado el cumplimiento de la promesa de una manera que no podría haberse concebido cuando el hijo era joven. Sin embargo, a la luz del desarrollo posterior de la tecnología [correspondiente al impacto redentor de la venida de Cristo], la promesa se ve como ‘literalmente’ y se lleva a cabo fielmente de una manera mayor que la aprehendida anteriormente" (352-53).

Finalmente, llegamos ahora a la nación actual de Israel y su reclamo de posesión de la tierra en la que habita. No puedo hacer nada mejor aquí que citar las palabras de John Piper en un sermón que predicó sobre Romanos 11. Sus comentarios merecen una audiencia amplia:

“Las promesas hechas a Abraham, incluida la promesa de la Tierra, serán heredadas como un regalo eterno solo por el verdadero Israel espiritual, no por el Israel desobediente e incrédulo. En otras palabras, nadie puede exigir las promesas solo porque es judío. La etnia judía tiene un lugar en el plan de Dios, pero no es suficiente para asegurar nada. En sí mismo, no califica a una persona para ser heredera de la promesa a Abraham y su descendencia. Romanos 9:8 lo dice claramente: ‘No son los hijos de la carne los que son hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendientes’. El hecho de nacer judío no hace que uno sea heredero de la promesa, ni tampoco la promesa de la tierra ni ninguna otra promesa.

Tenga cuidado de no inferir de esto que las naciones gentiles (como los árabes) tienen derecho a molestar a Israel. Los juicios de Dios sobre Israel no sancionan el pecado humano contra Israel. Israel todavía tiene derechos humanos entre las naciones, incluso cuando pierde su actual derecho divino a la Tierra. Recuerde que las naciones que se regodeaban por su disciplina divina fueron castigadas por Dios (Isaías 10:5-13; Joel 3:2).

Así, la promesa a Abraham de que sus descendientes heredarán la Tierra no significa que todos los judíos hereden esa promesa. Finalmente llegará al verdadero Israel, el Israel que mantiene el pacto y obedece a su Dios.

Por lo tanto, el estado secular de Israel hoy no puede reclamar un derecho divino actual a la Tierra, sino que ellos y nosotros debemos buscar un acuerdo pacífico no basado en los derechos divinos actuales, sino en los principios internacionales de justicia, misericordia y factibilidad práctica.

[Por lo tanto] ... No debemos dar una aprobación general a las acciones judías o palestinas. Deberíamos aprobar o denunciar de acuerdo con los estándares bíblicos de justicia y misericordia entre los pueblos. Deberíamos alentar a nuestros representantes a buscar un acuerdo justo que tenga en cuenta los reclamos históricos y sociales de ambos pueblos. A ninguno de los dos se les debe permitir influir en los juicios de justicia mediante un presente reclamo divino sobre la tierra...

Por lo tanto, los creyentes judíos en Jesús y los creyentes gentiles heredarán la Tierra. Y la forma más fácil de ver esto es ver que heredaremos el mundo que incluye la Tierra. Los cristianos judíos y los cristianos gentiles no discutirán sobre los bienes inmuebles de la Tierra Prometida porque todo el nuevo cielo y la nueva tierra serán nuestros. 1 Corintios 3:21-23, ‘Todas las cosas son tuyas, ya sea Pablo o Apolos o Cefas o el mundo o la vida o la muerte o el presente o el futuro: todos son tuyos, y tú eres de Cristo, y Cristo es de Dios’. los seguidores de Cristo, y sólo los seguidores de Cristo, heredarán la tierra, incluida Canaán".

En otro sermón de Romanos (esta vez, 9:25-26), Piper declara que:

“Un pueblo que rompe el pacto no tiene un reclamo actual sobre las promesas del pacto. Por lo tanto, es incorrecto que Estados Unidos o los cristianos sean incuestionablemente pro-israelíes y antipalestinos en la situación política y geográfica de Medio Oriente. Puede ser correcto ser pro-israelí o pro-palestino en cualquier tema dado, pero mientras Israel está rompiendo el pacto con su Dios al rechazar a su Mesías, el criterio para lo que es correcto en el Medio Oriente debería ser estándares de justicia igualmente aplicados. y misericordia entre las naciones, no derechos divinos o privilegios del pacto. Nuestra relación con los judíos y los palestinos debe ser amarlos y tratarlos con misericordia y justicia, como lo hacemos con todos los demás. El antisemitismo es pecado. Y el rechazo incuestionable de los posibles derechos de los palestinos es pecado”.

Terminaré con dos observaciones importantes.

(1) La opinión que he defendido en estas tres lecciones es consistente con el premilenialismo histórico o el amilenialismo. John Piper, entre muchos otros, es un premilenialista. Yo, por otro lado, soy un amilenialista. Pero ambos estamos de acuerdo en que sólo hay un pueblo de Dios, la Iglesia, compuesta de judíos creyentes y gentiles creyentes.

(2) En toda esta discusión no he abordado la cuestión de si la Biblia enseña una salvación masiva del pueblo judío al final de esta era actual. Piper cree que en Romanos 11 Pablo afirma una reunión salvífica tan masiva de judíos étnicos de alguna manera asociada con la Segunda Venida de Cristo.

Cualquiera que sea la opinión que uno pueda tener sobre ese punto (y la interpretación de Romanos 11:25-27), lo más importante es que quien sea que se salve del pueblo judío, independientemente de cuándo eso ocurra, entrará al reino de la misma manera y en los mismos términos que los creyentes gentiles. Ya sea que la salvación sea escatológica (al final de la era actual) o histórica (progresivamente, a lo largo de la era actual), no creo que sea el propósito de Dios reconstituir o restablecer una nación teocrática separada de la Iglesia. La Iglesia es la única "nación santa" (1 Pedro 2:9) que heredará las promesas del pacto.

Por lo tanto, todos y cada uno de los judíos que vengan a la fe en Jesucristo se convertirán en miembros de la Iglesia, el "nuevo hombre" de Efesios 2. Serán injertados nuevamente en el único olivo (Romanos 11) donde ellos, juntos y en completa unidad con los creyentes gentiles, la "simiente" de Abraham, heredará las promesas hechas a los patriarcas.

 

Disponible en: https://www.samstorms.org/all-articles/post/the-church--israel--and--replacement--theology---part-ii

 

Añadido a este sitio: 5 de enero, 2021.