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La Cruz de Cristo: ¡Suficiente para Todos! PDF Imprimir Correo electrónico
La Teologia Reformada - Las Doctrinas de la Gracia

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Cual ha sido el entendimiento Reformado Histórico sobre la Muerte de Cristo

-Jorge L Trujillo

Consideremos por un momento la siguiente cita:


"AUNQUE CRISTO SUFRIÓ POR LOS PECADOS DEL MUNDO ENTERO, y es ofrecido por medio de la benignidad de Dios a todos indiscriminadamente, AUN ASÍ NO TODOS LO RECIBEN."

 

Si les preguntara a cualquiera de los cristianos, especialmente a los de corte calvinista,  de quien son esas palabras, la vasta mayoría estaría de acuerdo que muy probable son palabras provenientes de los labios de un Arminiano o quizás un Amyraldiano.  Sin embargo, la mayoría se sorprendería si les dijera que estas son las palabras de Juan Calvino en su comentario sobre Romanos 5:18. ¿Increíble verdad?, que Juan Calvino diga semejante cosa.  Pero Calvino no está solo.  Podemos ver que todas las confesiones reformadas admitían que el sacrificio de Cristo tenía un aspecto general:


Los artículos de religión Irlandeses: (1615)[i]

 

30. Cristo, en la verdad de nuestra naturaleza, fue hecho como nosotros en todo, excepto sin pecado.

Cristo en la realidad de nuestra naturaleza fue hecho semejante a nosotros en todas las cosas, excepto en el pecado, del cual fue enteramente exento tanto en su carne, como en su naturaleza. Vino para ser el Cordero sin mancha, que por el sacrificio de sí mismo una vez hecho, quitase los pecados del mundo, por medio de su propio sacrificio hecho una sola vez, y el pecado (como dice San Juan) no estaba en el. El cumplió la ley por nosotros perfectamente: por nuestra causa el sufrió los más horribles tormentos inmediatamente en su alma, y más dolorosos sufrimientos en su cuerpo.  El fue crucificado, murió para reconciliarnos el Padre a nosotros, y para ser un sacrificio no solamente por el pecado original, sino también por todas nuestras transgresiones actuales.  Fue enterrado y descendió al infierno, y al tercer día se levantó de la muerte, y tomo de nuevo su cuerpo, con carne, huesos, y todas las cosas pertenecientes a la perfección de la naturaleza humana: con el cual el ascendió al cielo, y allí está sentado a la diestra de su Padre, hasta que vuelva a juzgar a los hombres en el día final.

 

Los Treinta y Nueve Artículos de la Religión: (1618)


15. De Cristo, el único sin pecado. 

Cristo en la realidad de nuestra naturaleza fue hecho semejante a nosotros en todas las cosas, excepto en el pecado, del cual fue enteramente exento tanto en su carne, como en su Espíritu. Vino para ser el Cordero sin mancha, que por el sacrificio de sí mismo una vez hecho, quitase los pecados del mundo. Y no hubo pecado en Él, como dice San Juan. Pero nosotros los demás hombres, aunque bautizados, y nacidos de nuevo en Cristo, con todo eso ofendemos en muchas cosas y; si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.


31. De la única oblación de Cristo consumada en la Cruz. 

La Oblación de Cristo una vez hecha, es la perfecta Redención, Propiciación y Satisfacción por todos los pecados de todo el mundo, así originales como actuales; y ninguna otra Satisfacción hay por los pecados, sino ésta únicamente. Y así los Sacrificios de las misas, en los que se dice comúnmente que el Presbítero ofrece a Cristo en remisión de la pena o culpa por los vivos y por los muertos, son fábulas blasfemas, y engaños peligrosos

 

Los Cánones de Dort (1618)

 

III.- Esta muerte del Hijo de Dios es la ofrenda y la satisfacción única y perfecta por los pecados, y de una virtud y dignidad infinitas, y sobradamente suficiente como expiación de los pecados del mundo entero.

V.- Existe además la promesa del Evangelio de que todo aquel que crea en el Cristo crucificado no se pierda, sino que tenga vida eterna; promesa que, sin distinción, debe ser anunciada y proclamada con mandato de conversión y de fe a todos los pueblos y personas a los que Dios, según Su beneplácito, envía Su Evangelio.

VI.- Sin embargo, el hecho de que muchos, siendo llamados por el Evangelio, no se conviertan ni crean en Cristo, mas perezcan en incredulidad, no ocurre por defecto o insuficiencia de la ofrenda de Cristo en la cruz, sino por propia culpa de ellos.

VII.- Mas todos cuantos verdaderamente creen, y por la muerte de Cristo son redimidos y salvados de los pecados y de la perdición, gozan de aquellos beneficios sólo por la gracia de Dios que les es dada eternamente en Cristo, y de la que a nadie es deudor.

Suficiente para todos

 

Hace ya más de una década que comencé a estudiar las doctrinas de la gracia.  En mis primeros estudios me encontraba una y otra vez con palabras provenientes de la mano de los calvinistas que decían sobre el sacrificio de Cristo: “Suficiente para todos, eficaz para los escogidos”. Comprendí que ese era el entendimiento común de lo que significaba la “expiación limitada” para los calvinistas y que era precisamente lo que Dort enseñaba.

Luego comprendí también que había algunos que no aceptaban esto sino que decían que la muerte era limitada tanto en su suficiencia como su eficacia. Los argumentos presentados por estos teólogos Calvinista de una línea distinta a la proveniente de Dort y el Calvinismo histórico.  Es conocido como híper-calvinismo.  Algunos híper-calvinistas sugieren que el evangelio ni siquiera debe ser extendido a todos indiscriminadamente.

En nuestro intento por promover las doctrinas de la gracia contra los Arminianos hemos hecho un énfasis demasiado exagerado en la ‘limitación’ de la cruz y hemos olvidado enfatizar de igual manera ‘la suficiencia’ de la cruz de Cristo. Yo también he sido culpable de este error.  Aunque yo entendía la formulación histórica de la suficiencia y la eficacia de la cruz, en nuestro esfuerzo por convencer a los Arminianos de su error, había cometido el error híper-calvinista de limitar la suficiencia de la cruz o de enfocarme demasiado en este aspecto.  Es tan grave este error que a veces al enfrentarnos a pasajes que parecen poner en peligro “la limitación” de la cruz, se fuerzan ciertas interpretaciones al texto bíblico que son difícilmente defendibles haciendo uso de una buena hermenéutica. Por eso escribí el artículo “Aclarando el Tercer Punto” el cual ha sido celebrado por algunos y rechazado por otros.  En este escrito me propongo hablar un poco traer un poco de evidencia histórica acerca de lo que el Calvinismo ha enseñado sobre este tema y aun los hombres desde antes de la Reforma enseñaban sobre este asunto.


Tradición vs. Revelación


Pienso que el problema ‘puede radicar’ en que en muchos casos, nosotros, los teólogos modernos (de todas las escuelas soteriológicas) buscamos ser files a nuestro sistema antes de ser fieles a la Biblia.  Es una tendencia normal una vez hemos aceptado como verdadera cierta escuela de pensamiento.  Pienso que esto es algo que no ocurre ‘intencionalmente’ sino inconscientemente.  De esta forma muchos estudiosos ‘fuerzan’ la Biblia para que diga lo que ellos desean que diga al punto de ‘negar’ versos bíblicos que son claramente contra algunas de sus ideas ya establecidas y aceptadas.  Nunca he dejado de escapar de mi mente las palabras de Jesús a los fariseos cuando dijo “vosotros hacéis nula la palabra de Dios por seguir vuestras tradiciones”.  Estas palabras tienen mucho que enseñarnos.  Nosotros a veces nos vemos en la ‘obligación’ de defender nuestra tradición aceptada ya sea Calvinismo, Luteranismo, Arminianismo o Dispensacionalismo, o cualquier otro ‘ismo’ que exista en el estudio de la teología y al hacerlo, en muchas ocasiones, escogemos interpretar la Biblia conforme a nuestra ‘tradición’ y no conforme a la’ revelación.’  A veces hasta pensamos de manera inconsciente que nuestra tradición ‘es’ la Palabra de Dios.


No obstante, al parecer muchos de los primeros reformadores como Calvino en cierto grado no tenían ese problema.  Ellos no tenían un ‘calvinismo’ ni un ‘arminianismo’ que defender sino que deseaban ser fieles intérpretes de la Palabra de Dios (Sola Scriptura) para exponer la verdad que por cientos de años había sido mantenida oculta del pueblo por la Iglesia Católica Romana. Veamos algunas citas más de Juan Calvino en torno a la ‘extensión’ de la cruz.

 

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(1) Juan 1:29 Que quita el pecado del mundo.  Juan usa la palabra pecado en número singular, para cualquiera clase de iniquidad; como si dijera, que toda clase de injusticia la cual separa los hombres de Dios es quitada por Cristo.  Y cuando el dice, el pecado del Mundo, el extiende este favor indiscriminadamente a toda la raza humana; para que los Judíos no vayan a pensar que él había sido enviado solamente a ellos.  Por lo que inferimos que todo el mundo está envuelto en la misma condenación; y que como todos los hombres in excepción son culpables de injusticia delante de Dios, ellos deben ser reconciliados con él.  Juan el Bautista, por eso, al hablar generalmente del pecado del mundo, tiene la intención de impresionar la convicción de nuestra miseria, y exhortarnos a buscar el remedio.  Ahora nuestra responsabilidad es, el abrazar el  beneficio el cual es ofrecido a todos, que cada uno de nosotros pueda estar convencido de que no hay nada que lo detenga de obtener la reconciliación en Cristo, provisto que el venga a el por la guía de la fe.  
 
 
(2) Gálatas  5:12  pero es la voluntad de Dios que nosotros debamos buscar la salvación de todos los hombres sin excepción, tal como Cristo sufrió por los pecados del mundo entero. 
 
(3) Colosenses  1:14  El dice que esta redención procurada por medio de la sangre de Cristo, por el sacrificio de su muerte todos los pecados del mundo fueron expiados.
 
(4) Marcos 14:24  "No solo debemos recordar que el mundo en general ha sido redimido por la sangre de Cristo, sino que cada uno debe considerar para sí mismo que sus propios pecados han sido expiados".  
 
(5) 1 Juan 2:2  En el comentario a este verso, Calvino no ve una aplicación al mundo entero sino solamente a los cristianos del mundo.  Sin embargo, dice aceptar el dicho: "Cristo murió suficientemente por los pecados del mundo entero pero eficazmente por los escogidos". "Esta solución ha prevalecido comúnmente en las escuelas, Y YO CONCEDO QUE LO QUE SE HA DICHO ES CIERTO...". 

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La predicación del Evangelio 

 

Calvino continuamente hacía énfasis en la predicación del evangelio juntamente con la creencia de que Cristo murió por los pecados de todos los hombres sin excepción.   Para Calvino el hecho de que la predicación del evangelio de Cristo debía ser general a todos los hombres sin excepción significaba que su sacrificio también lo era.

 

Estoy de acuerdo con Calvino en esta observación.  No puede haber una oferta honesta de parte de Dios “a toda criatura”, que incluye aun a los reprobados, en la que se le ofrezca la una cruz como perdón cuando esa sacrificio nunca estuvo ni siquiera disponible para ellos. Dios es fiel y verdadero y no le miente ni a los réprobos.

 

Juan Calvino

 

En su libro “La Eterna Predestinación de Dios”, Calvino arremete fuertemente contra dos hombres un monje Italiano llamado Giorgio y otro hombre llamado Pigio.  Estos hombres negaban la predestinación y defendían que el hombre se salvaba por su propio libre albedrío.  Una de las objeciones de Pigio era que la evidencia de que no había predestinación estaba en que el evangelio debía ser predicado a toda criatura.  A esas palabras Calvino responde lo siguiente:


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Pero el Evangelio es una embajada de paz, por medio del cual el mundo es reconciliado a Dios, como Pablo lo enseña.  Y, de acuerdo al mismo testigo sagrado, es predicado para que todos aquellos que lo escuchan lo crean.  A esta pretendida dificultad de Pigio, por lo tanto, yo voy a responder brevemente que Cristo fue así ordenado el Salvador del mundo entero, de manera que salvara aquellos que le fueron dados por el Padre sacados del mundo entero, que El sea la vida eterna para de aquellos de quien El es la Cabeza; que él pueda recibir a la participación de todas las “bendiciones en El” a todos aquellos quien Dios adoptó para sí mismo por su no-meritorio y propio buen placer para que fuesen sus herederos.  Ahora, ¿Cuál de estas cosas solemnes puede negar nuestro opositor?

 

Así pues, el Apóstol Pablo declara que esta profecía de Isaías es cumplida en Cristo: “He aquí yo y los hijos que Dios me dio”, etc. De acuerdo a lo cual Cristo mismo declara a voz alta “todo el que el Padre me ha dado vendrá a mí; y el que a mí viene yo no echo fuera.” (Jn. 6:37).  Y otra vez, “aquellos que me diste no he perdido ninguno, excepto el hijo de perdición” (Jn. 17:2). Por eso leemos en todas partes que Cristo no esparce vida en ninguno sino solo en los miembros de Su propio cuerpo.  Y aquel que no confiese que es un don especial y una misericordia especial el ser injertado en el cuerpo de Cristo, nunca ha leído con atención espiritual la epístola de Pablo a los Efesios.  Aquí también sigue un hecho importante, que la virtud y los beneficios de Cristo son extendidos a, y pertenecen a, ninguno otro sino a los hijos de Dios.

 

Ahora, la universalidad de la gracia de Cristo no puede ser juzgada mejor que por la naturaleza de la predicación del Evangelio no hay ninguno que inmediatamente lo niegue. Aun así, en esta bisagra da vueltas toda la cuestión.  Si vemos y reconocemos, por lo tanto, el principio sobre el cual la doctrina del evangelio ofrece salvación a todos, todo el sagrado asunto queda arreglado de una vez.  Que el evangelio, en su naturaleza, es capaz de salvar a todos yo de ninguna manera lo niego.  Pero la gran cuestión yace aquí: ¿Ordenó Dios por su eterno consejo la salvación de todos los hombres?  Es bastante manifiesto que todos los hombres, sin diferencia o distinción, son externamente llamados o invitados al arrepentimiento y la fe. Es igualmente evidente que el mismo Mediador es puesto al frente de todos, como aquel que solo puede reconciliarles hacia el Padre.  Pero es completamente bien sabido que ninguna de estas cosas puede ser entendida o percibida sino por la fe, en cumplimiento de la declaración del apóstol Pablo que “el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;”  entonces ¿Qué puede ser a los otros sino un “sabor de muerte para muerte”? como el mismo apóstol poderosamente lo expresa en otro lugar.

 

Y aun más, tal como es innegablemente manifiesto que de dentro de las multitudes que Dios llama por su voz en el evangelio muy pocos creen, si puedo probar que la mayor parte de estas multitudes se mantienen en incredulidad (porque Dios no considera a  ninguno merecedor de esta iluminación sino quienes El quiere), yo obtengo de esto la próxima conclusión, que la misericordia de Dios es ofrecida igualmente a aquellos que creen y a aquellos que no creen, de manera que aquellos quienes no son enseñados por Dios dentro de la multitud, sean tenidos inexcusables, no salvados. Algunos hacen una distinción aquí, manteniendo que el evangelio es de salvación a todos en lo que respecta a su poder para salvar, pero no en su efecto de salvar.  Pero ellos, de ninguna manera sueltan el nudo de este medio argumento.  Todavía somos llevados de vuelta al mismo punto de la gran pregunta, si el mismo poder para creer es conferido a todos los hombres.  Ahora, Pablo asigna la razón por la cual no todos obedecen al evangelio.  El se refiere al profeta Isaías: “Señor ¿Quién ha creído a nuestro anuncio, y sobre quien se ha manifestado el brazo de Jehová? (Rom. 10:16)  El profeta aquí, asombrado ante los pocos que creen, parece gritar en alta voz,  ¡‘Que era algo de la más grande vergüenza y acusación el que, mientras la Palabra de Dios estaba sonando en los oídos de todos los hombres, había escasamente algunos corazones internamente tocados por ella! Pero para que la horrible depravación en el hombre no aterrorice los que contemplan esto, el apóstol Pablo después de esto, indica que no les es dado a todos el creer, sino solamente a aquellos a quienes Dios se manifiesta a sí mismo (v. 20).  En una palabra, el apóstol en este capítulo indica que cualquier esfuerzo y sonido de la voz humana será inefectivo, a menos que el poder secreto de Dios obre en los corazones de los oyentes. 

 

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Más adelante en el mismo libro y hablando contra Georgius dice:

 

Georgius se imagina a sí mismo argumentando muy sabiamente cuando dice, “Cristo es la propiciación por los pecados el mundo entero.  Por eso, aquellos que excluyen a los réprobos de alguna participación de los beneficios de Cristo, deben, por necesidad, ponerlos en alguno otro lugar fuera del mundo.”  Ahora, aquí no podemos usar la solución común a esta pregunta la cual dice que Dios sufrió suficientemente por todos los hombres, pero eficazmente por los escogidos.  El gran absurdo [de Georgius], por el cual nuestro monje ha procurado para sí sino mucho aplauso dentro de su propia fraternidad, no tiene peso alguno conmigo.  Juan verdaderamente extiende los beneficios de la expiación de Cristo, la cual fue completada por su muerte, a todos los escogidos de Dios a través  de todo el mundo doquiera estén dispersados.  Pero aunque el caso es así, esto de ninguna manera altera del hecho de que los réprobos están mezclados con los escogidos del mundo.  Es también un hecho, sin controversia, que Cristo vino a expiar los pecados “del mundo entero.”  Pero la solución de la dificultad está inmediatamente a la mano, en la verdad y el hecho de que es para “todo aquel que cree en El”, que “no se pierda, mas tenga la vida eterna.”.  Pues nuestra pregunta al presente, no es, cual es el poder o virtud de Cristo, ni que eficacia tiene en sí mismo, sino quienes son aquellos a quienes El se da a sí mismo para ser disfrutado.  Ahora, si la posesión de Cristo depende de la fe, y si la fe fluye del Espíritu de adopción, sigue entonces que solamente aquellos que son contados por Dios dentro de sus hijos los que son participes de Cristo.  En verdad, el evangelista Juan propone la oficina de Cristo como otra cosa sino la de “juntar los hijos de Dios” en uno por Su muerte. De todo lo cual concluimos que aunque la reconciliación es ofrecida a todos los hombres a través de Él, aun así, que el beneficio mayor pertenece peculiarmente a los escogidos, para que ellos sean “reunidos” y ser “en conjunto” participes de la vida eterna.

 

Sin embargo, debe ser observado, que cuando yo hablo de la reconciliación por medio de Cristo, yo no quiero decir que ese mensaje o embajada, por el cual Pablo dice Dios “reconcilia consigo al mundo”, en verdad viene o alcanza a todos los hombres; pues eso no es sellado indiscriminadamente en los corazones de todos a quienes viene el mensaje, como para ser efectivo en ellos.

 

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 “Suficiente para todos, efectiva para los escogidos”.

 

Tal como Calvino, son muchísimos los teólogos reformados de renombre los que han usado estas palabras para describir la obra de Cristo en la cruz. Pero hemos visto una avalancha de material que resalta de manera inadecuada la frase “expiación limitada”.  Entender qué es lo que significa y lo que no significa esta frase podría ser de gran valor para poder mantener un claro entendimiento bíblico de la muerte de Cristo y en su contexto reformado histórico. 

 

Se plantea la idea de que Cristo, en la cruz, tomó una cierta cantidad de pecados suficiente como para cubrir todas las faltas cometidas solamente por un cierto número de personas o elegidos.  Desde ese punto de vista se trata de filtrar todo el contenido bíblico que menciona al “mundo”, “los hombres”, etc.

 

Entonces, se concluye que si Cristo tomó sobre sí solamente la culpa de un grupo de escogidos, no puede haber manera para quien la muerte de Cristo pueda cubrir los pecados de siquiera ‘uno’ más que no sea de los escogidos.  Tristemente ese no es un punto de vista consistente con el entendimiento histórico de la fe reformada ni con lo expuesto en los Cánones de Dort y otras confesiones.  Es muy correcto decir que Cristo murió “por sus ovejas”. Sin embargo, no es correcto decir que la muerte de Cristo incluye únicamente los pecados de sus ovejas aunque la muerte de Cristo salva únicamente a “sus ovejas”. Para algunos esto pareciera ser un enredo contradictorio pero es eso exactamente lo que enseña la Biblia y es lo que han creído los grandes teólogos reformados históricamente.

 

Cánones de Dort

 

 “La muerte del Hijo de Dios es la ofrenda y la satisfacción única y perfecta por los pecados, y de una virtud y dignidad infinitas, y sobradamente suficiente como expiación de los pecados del mundo entero….Sin embargo, el hecho de que muchos, siendo llamados por el Evangelio, no se conviertan ni crean en Cristo, mas perezcan en incredulidad, no ocurre por defecto o insuficiencia de la ofrenda de Cristo en la cruz, sino por propia culpa de ellos.”

 

No quiero ser yo quien ponga el significado a estas palabras. A continuación presento algunos de esos hombres y su explicación de lo que significa este proverbio desde el punto de vista del Calvinismo histórico infralapsario:

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Comentarios de Teólogos Reformados[i]

Sobre asuntos bíblicos, las palabras de los hombres no pueden estar nunca sobre la Palabra de Dios. No obstante, Dios ha dado ‘maestros’ a la iglesia por medio de los cuales el error es expuesto y las sanas y santas palabras de la Escritura son explicadas de manera que el pueblo de Dios pueda ser edificado por ellas.  Es por eso que presento una serie de comentarios de teólogos antiguos quienes sostuvieron estas doctrinas del Calvinismo Histórico. 

R.L. Dabney: Reconocido Pastor presbiteriano del siglo XVIII habla sobre la Redención particular[ii].

Sobre la Redención Particular 

¿Murió Cristo por los escogidos solamente, o por todos los hombres?  La respuesta ha sido demasiado prejuiciada con términos ambiguos, tales como “redención particular”, “redención limitada”, o “redención general”, “redención ilimitada”, “redención indefinida”.  ¿Qué quieren decir con redención?  La palabra (ex pia-ción) es usada solamente una vez en el Nuevo Testamento (Rom. 5:11), y ahí significa expresamente y exactamente reconciliación.  Esto es probado siendo así: la misma palabra griega en el próximo verso, llevando el mismísimo significado, es traducida reconciliación.

Ahora, la gente continuamente mezcla dos ideas cuando hablan de redención: Una es la redención por la culpa provista en el sacrificio de Cristo.  La otra es, la reconciliación individual del creyente con su Dios, basada sobre el sacrificio de Cristo hecho una vez y por todas, pero actualmente efectivo cuando el pecador cree y por fe.  El último es el verdadero significado de la redención, y en ese mismo sentido, la redención, la reconciliación, debe ser particular, y está limitada al pecador quien ahora cree.  Ha habido ya tantas expiaciones como hay creyentes verdaderos en los cielos y en la tierra, cada uno individual.

Pero sacrificio, expiación, es una – la singular, gloriosa, indivisible obra del redentor divino, infinita e inagotable en merito.  Si hubiese habido tan solo un solo pecador, Set, escogidos de Dios, este sacrificio completo hubiese sido necesitado para expiar su culpa.  Si cada pecador en la raza de Adán hubiese sido escogido, el mismo y único sacrificio sería suficiente para todos. Nosotros absolutamente debemos de deshacernos del error de que la expiación es un agregado de dones a ser divididos y distribuidos, un pedazo a cada receptor, como las piezas de dinero sacadas de un saco para ser distribuidas a una multitud de méndigos. Si fuera más grande la masa de méndigos, se llegaría al fondo del saco antes de que cada uno recibiera su limosna, y mucho más dinero debería ser provisto.  Yo repito, esta noción es totalmente falsa como la aplican a la expiación de Cristo, porque es una obra divina.  Es indivisible, es inagotable, suficiente en sí misma para cubrir la culpa de todos los pecados que jamás se hayan de cometer en la tierra.  Este es el sentido bendito en el cual es Apóstol Juan dice “1 Jn. 2:2): “Cristo es la propiciación (la misma palabra como expiación) para los pecados del mundo entero.”

Pero la pregunta va a ser insistida, “¿Es el sacrificio de Cristo limitado por el propósito y diseño de la Trinidad?  La mejor respuesta que los Presbiterianos deben presentar es esta: En el propósito y diseño de la deidad, el sacrificio de Cristo fue con la intención de efectuar los mismos resultados, y todos los resultados, los cuales estarían fluyendo de el de ella en la historia de la redención.  Yo digo que esto es exactamente la respuesta que nosotros los presbiterianos debemos hacer, porque nosotros creemos que la predestinación universal de Dios es tan cierta como eficaz de tal manera que todo el resultado final de su plan debe ser la exacta interpretación de lo que su plan fue al principio. Y esta declaración el Arminiano está obligado a adoptar, a menos que quiera cargar a Dios con ignorancia, debilidad, o mutabilidad. Buscad y ved. 

          Si bien, los resultados obtenidos del sacrificio de Cristo no son uno solo pero mucho y variados:

1.    Hace un despliegue de la benevolencia general y misercordia hacia los pecadores perdidos, para la gloria de su gracia infinita. Porque, bendito se su nombre, el dice, “yo no tengo placer en la muerte del que muere” (Ezequiel 18:32).

2.    El sacrificio de Cristo ha comprado ciertamente para toda la raza humana completa una posposición misericordiosa de la destrucción incurrida por nuestros pecados, incluyendo todas las bendiciones temporales de nuestra vida en la tierra, y todas las limitaciones del evangelio sobre la depravación humana, y la oferta sincera del cielo para todos.  Pues, solo por Cristo, la destrucción del hombre hubiese seguido instantáneamente después de su pecado, como ocurrió con los ángeles caídos.

3.    El sacrificio de Cristo, voluntariamente rechazado por los hombres, pone la testadura, la perversidad, y la culpa de su naturaleza en una luz mucho más fuerte, para la gloria final de la justicia de Dios.

4.    El sacrificio de Cristo ha comprado y provisto para el llamado efectivo de los escogidos, con todas las gracias las cuales asegura su fe, arrepentimiento, justificación, perseverancia, y glorificación.  Ahora, ya que el sacrificio actualmente resulta en todas estas distintas consecuencias, ellas están todas incluidas en el diseño divino. Esta visión satisface todos esos textos citados contra nosotros.

Pero no podemos admitir que la muerte de Cristo tan completamente y en el mismo sentido para Judas como lo fue para Saulo de Tarso.  Aquí estamos obligados a declarar que, mientras que la expiación es infinita, la redención es particular.  Los irrevocables bases por las cuales probamos que la redención es particular son estas: De las doctrinas de la elección incondicional, y el pacto de gracia. (El argumento es uno, pues el pacto de gracia es solo un aspecto de la elección.)  Las Escrituras nos dicen que aquellos quienes han de ser salvados en Cristo son un número definitivamente electo y dado a él desde la eternidad para ser redimidos por su mediación.  ¿Cómo puede algo ser más claro de esto que hubo un propósito en la expiación divina, para estos, distinta a otra que hubo para el resto de la humanidad? (Vea las Escrituras con respecto a la inmutabilidad de los propósitos de Dios – Is. 46:10; 2 Tim. 2:19)

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Jonathan Edwards

La redención universal debe ser negada el mismo sentido de los Calvinistas mismos, sea que se reconozca o no la predestinación, si nosotros reconocemos que Cristo conoce todas las cosas. Pues si Cristo en verdad conoce todas las cosas del porvenir, el ciertamente sabía, cuando murió, que habría ciertos hombres que nunca serían mejores a causa de su muerte.  Y por eso, era imposible que el muriera con el intento de hacerles felices.  Pues es una total contradicción [decir que] el murió con la intención de hacerles felices, cuando al mismo tiempo el sabía que ellos no serían felices, sea que haya predestinación o que no la haya. Esto es todo lo que los Calvinista quieren decir cuando ellos dicen que Cristo no murió por todos, que el no murió  con la intención y diseño de que tales personas particulares fueran mejores a causa de su muerte; y eso es evidente en la demostración.   Ahora los Arminianos,  cuando dicen que Cristo murió por todos, no puede significar que con sentido alguno, que el murió por todos, por no otro sentido que el de darle una oportunidad a los hombres de ser salvados; y eso, los mismos calvinistas lo han negado.  El murió por todos en ese sentido; y esto está libre de contradicción.-Jonathan Edwards [1722], The “Miscellanies”: (Entry Nos. a–z, aa–zz, 1–500) (WJE Online Vol. 13) , Ed. Harry S. Stout, page 1 74 

Charles Hodge

En su ‘Teología Sistemática’ Hodge comenta lo siguiente[i]:

En Segundo lugar, la cuestión no concierne al valor de la satisfacción de Cristo. Eso los Agustinianos admiten ser infinito. Su valor depende de la dignidad del sacrificio; y como tal, no se le puede poner ningún limite a la dignidad del Eterno Hijo de Dios quien se ofreció a sí mismo por nuestros pecados, por lo tanto, ningún límite se le puede asignar al valor meritorio de su obra.  Es una grotesca tergiversación de la doctrina Agustiniana el decir que en ella se enseña que Cristo sufrió tanto por tanta gente; que hubiera sufrido mucho más si muchos más hubiesen sido incluidos en el propósito de la salvación.  Esta no es la doctrina de ninguna iglesia en la tierra y nunca ha sido.  Lo que fue suficiente para uno fue suficiente para todos. Nada menos que la luz y el calor del sol es suficiente para una planta o animal. Peor lo que es absolutamente necesario para una planta uno lo es abundantemente suficientemente abundante para toda la infinidad y variedad de plantas y animales que llenan la tierra.  Todo lo que Cristo hizo y sufrió hubiese sido necesario si solamente un alma humana hubiera sido el objeto de la redención; y nada diferente y nada más hubiese sido requerido si cada hijo de Adán hubiese sido salvado por su sangre. 

¿Fue (la muerte de Cristo) especialmente para asegurar la salvación de Su propio pueblo, esto es, de aquellos que el Padre le había dado? Esta última pregunta es contestada en sentido afirmativo por los Agustinianos, y en sentido negativo por sus oponentes. Es evidente que si no hay elección de algunos a vida eterna, la expiación no puede tener referencia especial a los elegidos. Tiene que tener una referencia igual a toda la humanidad. Pero de la aserción de que tenga una referencia especial a los escogidos no sigue que no tenga referencia alguna a los no elegidos.

Los Agustinianos admiten abiertamente que la muerte de Cristo tuvo una relación con el hombre, con toda la familia humana, que no tuvo con los ángeles caídos. Es la base sobre la que se ofrece la salvación a toda criatura debajo del cielo que oye el evangelio; pero no da autoridad para tal ofrecimiento a los ángeles apóstatas. Además, asegura a toda la raza en general, y a todas las clases de hombres, innumerables bendiciones, tanto providenciales como religiosas.  

Naturalmente, tuvo el  designio de que produjera estos efectos; y, por ello, Él murió para obtenerlos. En vista de los efectos que la muerte de Cristo produce en la relación de la humanidad con Dios, ha sido en todas las eras costumbre de los Agustiniano decir que Cristo murió «sufficienter pro ommbus, efficaciter tantum pro electis»; suficiente para todos, eficaz sólo para los elegidos. Así, hay un sentido en el que Él murió por todos, y hay un sentido en el que Él murió sólo por los elegidos. La sencilla pregunta es: ¿Tuvo la muerte de Cristo una referencia para los elegidos que no tuvo para los otros hombres? ¿Vino al mundo a lograr la salvación de los que le habían sido dados por el Padre, de manera que los otros efectos de Su obra son meramente colaterales a lo que fue hecho para lograr este propósito?

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Matthew Henry

Q. 21. ¿Quién es el redentor de los escogidos de Dios?

A. El único redentor de los escogidos de Dios es el Señor Jesucristo, quien siendo el eterno Hijo de Dios, se hizo hombre, y así fue y continua siendo; Dios y hombre, en dos distintas naturalezas y una persona, para siempre.

1. ¿La raza humana necesitaba un redentor? Sí porque por nuestras iniquidades nos hemos vendidos a nosotros mismos, Is. 50:1. ¿Necesitaban los escogidos un redentor? Sí: porque nosotros mismo fuimos también a veces desobedientes, Tit. 3:3. ¿Hubiera hecho falta un redentor si Adán no hubiera pecado? No: porque los sanos no necesitan médico, Mt. 9:12. ¿Pudo un ángel haber sido nuestro redentor? No: porque los ángeles fueron acusados de necedad, Job 4:18.

2. Es Jesucristo el redentor? Sí: hay un mediador entre Dios y el hombre, Jesucristo hombre, 1 Tim. 2:5.  ¿Es el el único redentor? Sí: porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos, Hch. 4:12. ¿Es el un Redentor Universal? Si: el se dio a sí mismo en rescate por todos, 1 Tim. 2:6.  ¿Murio el para comprar una oferta general? Sí: el Hijo del hombre fue levantado, para que todo aquel que creen el el no perezca, Jn. 3:14,15. ¿Está mejor el mundo entero a causa de la mediación de Cristo? Sí: porque por el todas las cosas subsisten, Col. 1:7. ¿Es culpa de Cristo entonces que tantos perezcan? No: Yo quise juntaro, pero vosotros no quistéis. Mt. 23:37.

Matthew Henry, “Scripture Catechism in the Method of the Assembly’s,” in The Miscellaneous Works of the Rev. Matthew Henry, V.D.M. (London: Joseph Ogle Robinson, 1830), 878. [Bracketed insert mine, some spelling modernized; and underlining mine.]

Charles H. Spurgeon

Spurgeon sostenía que la redención era “suficiente para todos y efectiva para los escogidos”.  En un sermón sobre 1 Tim. 2:4 dice que “todos los hombres” son todos los hombres de la raza humana y no ‘algunos’ hombres de al raza humana. Según Spurgeon, si Dios hubiese querido decir “algunos” el Espíritu Santo hubiera dicho a Pablo que pusiera “algunos” pero no fue asi. La inspiración al apóstol fue “todos los hombres” y eso es lo que significa.[ii]

Otros hombres de influencia antes de la reforma lo fueron San Agustín y Santo Tomás de Aquinas y aun la estrella de Lutero.  Ellos también creían en que la muerte de Cristo fue universal en alcance pero limitada en su aplicación:

Aquinas:

Yo respondo esto, quien expía una ofensa apropiadamente es aquel que ofrece algo que el ofendido ama igualmente, o aun más de lo que detestaba la ofensa.  Pero al sufrir por su amor y obediencia, Cristo le dio más a Dios que lo que era requerido para compensar las ofensas de toda la raza humana. … la pasión de Cristo no fue solamente suficiente sino una expiación sobradamente abundante por los pecados de la raza humana; de acuerdo a 1 Jn. 2:2.

Conclusión

El que tantos grandes teólogos y hombres reformados de renombre estén de acuerdo con que la extensión del sacrificio de Cristo fue al mundo entero debe movernos a meditar el porqué ellos creían eso que está tan en contra de lo que muchos sostienen hoy.  ¿Será que ellos entendían algo sobre la naturaleza del sacrificio de una manera como no se entiende hoy? ¿Será que no le daban a la cruz menos importancia de la que se le da hoy día? ¿Será que ellos entendían la cruz en su contexto vetero-testamentario? ¿Estamos entendiendo la cruz dentro de su contexto bíblico o solo nos basamos en la lógica? Cristo se comparó a sí mismo con la serpiente que levantó Moisés en el desierto,  ¿Qué semejanzas o contrastes hay? Si Cristo es el “cordero de Dios”, ¿a qué apunta esa imagen usada por Juan?  ¿Se está divorciando la obra del Espíritu Santo en al aplicación de al salvación de la obra de Cristo en la cruz? ¿Logra algo la cruz por sí sola sin la operación del Espíritu? Pienso que hay muchas preguntas que debemos estudiar para comprender las diferencias entre lo que estas personas del pasado interpretaban y lo que ahora se interpreta dentro de muchos círculos. 

Ahora bien, yo no estoy diciendo que estoy en total acuerdo con todo lo que estos hombres pensaron y dijeron pero si veo que en cierta manera, aunque sus explicaciones son distintas en algunos puntos, todos estaban de acuerdo en una cosa: “la muerte de Cristo tenía un alcance global a la raza humana pero una eficacia limitada solo a los escogidos.” Según ellos, este fue el plan, propósito y diseño de la cruz.  Aun así, ninguno de estos hombres era Amyraldiano, ni Arminiano, ni Pelagiano, ni cualquier otra cosa que se le quiera llamar.

Una pregunta podemos hacernos: ¿De dónde sale la idea de que “la expiación limitada” significa que Cristo murió únicamente por los escogidos?

 

En mi apreciación del asunto en cuanto a Calvino, la respuesta está en que el relaciona la predicación universal del evangelio al hecho de que “Cristo sufrió por los pecados del mundo entero” como el mismo lo declara.  En la mente de Calvino no había una contradicción al decir esto y al mismo tiempo mantener que el propósito de la cruz de Cristo era la salvación de los escogidos. El sufrimiento de Cristo en la cruz aunque se extiende al mundo entero, es a fin de salvar solamente a los escogidos, porque como dice a Georgius, los escogidos y los reprobados están mezclados en el mundo. 

 

Si  Calvino creyendo firmemente en la predestinación eterna e inmutable para salvación y la reprobación del resto, hablaba de esa manera con libertad y sin reservaciones, obviamente la idea no pudo venir de Calvino a menos que se hayan torcido u manipulado sus palabras. Tampoco pudo venir de las confesiones históricas de la doctrina reformada.  ¿Por qué no está la expiación limitada explícitamente declarada en las confesiones reformadas? ¿Por qué esa referencia a la suficiencia del sacrificio para el mundo entero aun creyendo en la elección de algunos?

 

Son preguntas que debemos contestarnos sin pensar que podemos ser mejores teólogos nosotros que nuestros antepasados en la fe. ¿No será que se ha cambiado el significado histórico de la expiación limitada?  ¿No será que ha habido influencia del Alto Calvinismo o híper-calvinismo?

 

 

Escrito: 7-10 de Julio, 2012.

 


[ii] Para más información sobre Spurgeon: Ver también: http://teampyro.blogspot.com/2010/11/sufficient-for-all-efficacious-for.html 

 

 


 

[i]El material fue traducido del inglés por Jorge L Trujillo.  Muchas de la citas fueron de las citas fueron tomadas de este sitio: http://calvinandcalvinism.com/ dedicado al Calvinismo Clásico y moderado.

 

 

[ii] Tomado de: http://www.spurgeon.org/~phil/dabney/5points.htm#l  

 


[i] Los documentos pueden ser vistos en: http://reformed.org/documents/index.html

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La cita al comienzo de este ensayo no es una cita solitaria de Calvino. Su pensamiento parecer ser consistente en este punto. Veamos otras citas:

 

1.    Juan 1:29 Que quita el pecado del mundo.  Juan usa la palabra pecado en número singular, para cualquiera clase de iniquidad; como si dijera, que toda clase de injusticia la cual separa los hombres de Dios es quitada por Cristo.  Y cuando el dice, el pecado del Mundo, el extiende este favor indiscriminadamente a toda la raza humana; para que los Judíos no vayan a pensar que él había sido enviado solamente a ellos.  Por lo que inferimos que todo el mundo está envuelto en la misma condenación; y que como todos los hombres in excepción son culpables de injusticia delante de Dios, ellos deben ser reconciliados con él.  Juan el Bautista, por eso, al hablar generalmente del pecado del mundo, tiene la intención de impresionar la convicción de nuestra miseria, y exhortarnos a buscar el remedio.  Ahora nuestra responsabilidad es, el abrazar el  beneficio el cual es ofrecido a todos, que cada uno de nosotros pueda estar convencido de que no hay nada que lo detenga de obtener la reconciliación en Cristo, provisto que el venga a el por la guía de la fe.

 

2.    Gálatas  5:12  pero es la voluntad de Dios que nosotros debamos buscar la salvación de todos los hombres sin excepción, tal como Cristo sufrió por los pecados del mundo entero. 

 

3.    Colosenses  1:14  El dice que esta redención procurada por medio de la sangre de Cristo, por el sacrificio de su muerte todos los pecados del mundo fueron expiados.

 

4.    Marcos 14:24  "No solo debemos recordar que el mundo en general ha sido redimido por la sangre de Cristo, sino que cada uno debe considerar para sí mismo que sus propios pecados han sido expiados".  

 

5.    1 Juan 2:2  En el comentario a este verso, Calvino no ve una aplicación al mundo entero sino solamente a los cristianos del mundo.  Sin embargo, dice aceptar el dicho: "Cristo murió suficientemente por los pecados del mundo entero pero eficazmente por los escogidos". "Esta solución ha prevalecido comúnmente en las escuelas, Y YO CONCEDO QUE LO QUE SE HA DICHO ES CIERTO...". 

 
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