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Escatologia Biblica - El Arrebatamiento (Rapto) de la Iglesia

Dr. Fernando D. Saraví
Iglesia de los Libres, Las Heras, Prov. de Mendoza, Argentina

Julio de 1985 (revisado en Septiembre de 1998)


"Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza ... Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel , y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4:13,16-17).

Hay cristianos que creen que el pasaje arriba citado enseña que la Iglesia de Cristo no deberá sufrir el estallido final de la maldad, guiado por el Anticristo, que precederá a la Venida del Señor en juicio (2 Tesalonicenses 2:1-12). Nos dicen que los creyentes serán arrebatados siete años antes de la manifestación de Cristo al mundo incrédulo. La Segunda Venida, enseñan, se realizará en dos etapas: Una primera etapa (a veces llamada "secreta") para rescatar a sus santos, es decir, la Iglesia; y tras siete años una segunda etapa, pública, acompañado de los santos arrebatados en la primera, para juzgar al mundo. ¿Es realmente bíblica esta enseñanza?

1.  El rapto no será secreto

Los cristianos de Tesalónica aguardaban impacientes la Segunda Venida, pero temían que los creyentes que ya habían muerto no participarían en la gloria venidera. Pablo les explicó cuidadosamente que no sólo tendrían parte, sino que hasta irían delante de los todavía vivos, al encuentro del Señor cuando el momento llegase, lo cual sería anunciado (según vierte Phillips) por "¡Una voz de mando, un grito de arcángel, un toque de la trompeta de Dios, y Dios en persona descenderá de los cielos!". La orden divina (griego keleusma), llena de autoridad, es transmitida por el grito de un arcángel y por la trompeta de Dios. ¡Este parece un acontecimiento muy ruidoso!. En efecto, la trompeta anunciaba acontecimientos públicos (véase Levítico 25:9; Números 10:8; Jeremías 4:5; Mateo 6:2) y más tarde llegó a simbolizar el anuncio del juicio y del fin de los tiempos (ejemplos, Isaías 27:13; Sofonías 1:14-18; Apocalipsis 8:2,6-13; 11:15). ¡La trompeta se utilizaba precisamente para llamar la atención de todos! El Señor Jesús mismo enseñó que la trompeta anunciaría el Día del Señor: "Y enviará [Cristo] a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos..." (Mateo 24:31). Igualmente, Pablo escribió "...todos seremos transformados... a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados" (1 Corintios 15:51-52). De lo anterior es muy claro que el Rapto será un suceso público, pero que además ocurrirá en una única Segunda venida, pues el Apóstol la llama "la final trompeta", lo que obviamente significa que no habrá ninguna otra después de ésta.

2. Una única Segunda Venida

La creencia en una Parusía o Segunda Venida fraccionada en dos etapas busca apoyo en Daniel 9:24-27. Empero, allí se anuncia un período ya cumplido de 490 años (Setenta "semanas" de años) en cuyos últimos siete –la última "semana"- aparecería el Mesías, según lo anunciado en las Escrituras (ver Lucas 24: 25-27,44), trayendo justicia eterna y expiando por los pecados. El Mesías confirmaría el Nuevo Pacto con los "muchos" del verdadero Israel (ver Romanos 9:6-7, 27-29) y su muerte pondría fin al sistema sacrificial levítico (ver Hebreos, 9-10). Quienes lo rechazaran serían castigados (Juan 3:18). Todo esto ocurrió, tal como fue profetizado, en el primer siglo de la era cristiana.

Bien se ha dicho que "la Escritura enseña claramente que este [Segundo] Advenimiento será personal, visible, repentino e inesperado, glorioso y triunfal". Personal, 1 Tesalonicenses 4:16, "El Señor mismo"; visible, Hechos 1:11, "así vendrá, como le habéis visto ir al cielo"; repentino e inesperado, 1 Tesalonicenses 5:1-3, "el Día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche" (ver Mateo 24:42-44; 2 Pedro 3:10); glorioso y triunfal, 2 Tesalonicenses 1:7-10, "cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego ... cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos..." (ver Hebreos 9:28; Apocalipsis 1:7).

Las Escrituras dan testimonio de una única Segunda Venida, y de una única resurrección corporal de justos para bendición y de injustos para castigo. La resurrección corporal se describe en Apocalipsis 20:11-15, "Y vi a los muertos grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos ... el mar entregó sus muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en cada uno; y fueron juzgados cada uno según sus obras". Debe notarse que la "primera resurrección" de Apocalipsis 20:4-6 es la actual vida de los que han muerto dando testimonio de Cristo. Para el mundo son derrotados, pero en verdad ya han vencido y reinan con Dios y Cristo por un período muy largo ("mil años") comparado con sus breves sufrimientos. Aunque todos los creyentes ya han renacido y son reales sacerdotes (Mateo 8:22; Lucas 15:24; Juan 5:24-25; 11:25; Romanos 6:13; Efesios 2:1,5; Colosenses 2:13; 1 Pedro 2:9,24), los mártires gozan ya plena paz de Dios mientras sus hermanos deben sufrir "por un poco de tiempo".

Acerca del único juicio que tendrá lugar en la Parusía, y sus consecuencias, nuestro amado Señor dijo: "e irán estos [los malvados] al castigo eterno, y los justos a la vida eterna" (Mateo 25:46) ; "No os maravilléis; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz [la de Cristo]; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28-29). Y Pablo declaró: "Pues es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo..."; "teniendo [la misma] esperanza en Dios que estos también abrigan, de que ciertamente habrá una resurrección tanto de los justos como de los impíos" (2 Corintios 5:10; Hechos 24:15, Biblia de las Américas; ver también Hechos 17:30-31; Romanos 2:5-16). También Pedro, Juan y Santiago afirmaron esta verdad: 1 Pedro 4:5,17; 2 Pedro 3:7; Hechos 10:42; 1 Juan 4:17; Apocalipsis 20:12; Santiago 5:8-9.

Todos verán a Jesús en la Parusía: "Entonces ... lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria ... y [sus ángeles] juntarán a sus escogidos..." (Mateo 24:30-31). De 2 Tesa- lonicenses 1: 6-10 se entiende sin lugar a dudas que la hora de la lamentación de "todas las tribus de la tierra" ¡es la mismísima hora del arrebatamiento y del gozo de los creyentes!

3. La tribulación de la Iglesia

Quienes creen que la Iglesia se librará de la tribulación final, argumentan que "no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de Jesucristo" (1 Tesalonicenses 5:9; ver 1:10, Jesús nos libra de la ira venidera). Pero claramente estos pasajes no se refieren a una persecución satánica sino al castigo de Dios contra los malvados, del cual por cierto serán librados los creyentes.

Por otra parte, las tribulaciones de los cristianos son los sufrimientos y persecuciones que ellos deben soportar por su testimonio de Cristo. La mayoría de las 45 veces que el término griego thlipsis, traducido generalmente "tribulación" aparece en el Nuevo Testamento, se refiere a los creyentes. Algunos ejemplos: "En el mundo tendréis aflicción [thlipsis]..." (Juan 16:33); "Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hechos 14:22); "nos gloriamos en las tribulaciones" (Romanos 5:3; ver 8:35-39; 12:12); "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo ... el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos consolar también nosotros a los que están en cualquier tribulación..." (2 Corintios 1:4); "nos gloriamos ... por vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis" (2 Tesalonicenses 1:4); "Estos son los que han salido de la gran tribulación..." (Apocalipsis 7:14). Juan se identifica con los cristianos perseguidos a quienes dirige su libro, y se declara su "copartícipe ... en la tribulación" (Apocalipsis 1:9).

La Iglesia debe permanecer hasta el fin del mundo, para dar testimonio de Cristo a todas las naciones (Mateo 28:18-20). Nuestro Señor no oró para que la Iglesia fuese arrebatada antes del fin, sino para que el Padre la guardase del Maligno (Juan 17:15, Biblia de Jerusalén). Creyentes e incrédulos permanecerán juntos hasta el Día del Señor, cuando ocurrirá la gran separación: "Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla, pero recoged el trigo en mi granero" (Mateo 13:30).

A algunos creyentes confundidos que pensaban que Jesús retornaría "en cualquier momento", Pablo les escribió: "Pero respecto de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar ... en el sentido de que el Día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el Hijo de Perdición... " (2 Tesalonicenses 2:1-3). Por tanto, la manifestación del Anticristo final y la apostasía (abandono de la fe cristiana por parte de muchos) son cosas que los creyentes habremos de presenciar y soportar antes de la venida del Señor en gloria y de nuestra reunión con El.

4. Resumen: Nuestra bendita esperanza

Un Rapto que supuestamente librará a la Iglesia de la persecución al final de los tiempos nunca se enseña en el Nuevo Testamento como "nuestra bendita esperanza". Pablo escribió que nuestra bendita esperanza es la vida eterna, y exhortó a Tito a vivir conforme a ella "en este mundo con justicia, piedad y dominio propios, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 1:1; 2:12-13, Nueva Versión Internacional). El Nuevo Testamento enseña que la Iglesia será testigo de Cristo hasta el día en que el Señor retorne para bendición de los suyos y castigo de sus enemigos. Antes de que esto ocurra, ella deberá soportar grandes tribulaciones y especialmente, cerca del fin, la apostasía y la persecución desencadenada por el Anticristo, el Hombre de Pecado, el Hijo de Perdición. Como ha ocurrido durante toda su historia, la Iglesia militante peleará "la buena batalla de la fe" hasta que el Señor vuelva. No habrá ninguna señal específica de la inminencia de la Venida de Cristo (Lucas 17:26-36). Será "como un ladrón en la noche", pues ni los creyentes conocen "el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir" (Mateo 24: 42-44; 25:13, 1 Tesalonicenses 5:1-3; 2 Pedro 3:9-10). De aquí la insistente llamada a velar: Los creyentes fieles no necesitan señales para prepararse, pues como buenos soldados de Cristo, están siempre prontos.

Pedro habló de la paciencia del Señor, quien no desea que nadie se pierda, sino que "todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9) . Esta es la causa por la cual Jesús demora Su venida; y si la salvación de todos es prioridad para Él, debe serlo también para nosotros. Pero ¿cómo habrán de arrepentirse y creer los impíos, si no se les predica (Romanos 10:13-15)? ¿Y quién predicaría si han sido arrebatados los creyentes, templo del Espíritu Santo (1 Cor 3:16-17; 6:19; Efesios 2:21) ? ¡Esperar ardientemente una evacuación segura antes de la batalla final equivale a negarse a hacer lo que el Señor específicamente nos ha mandado hacer!.

Por tanto, debemos estar prontos a ser sus fieles testigos a todas las naciones, hasta el fin, sabiendo que en aquel Día recibiremos la corona de la vida de manos del mismísimo Dios y Salvador nuestro, Jesucristo (Tito 2:11-14; Apocalipsis 2:10-11). Entretanto, clamamos ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

(Donde no se indica otra cosa, las citas bíblicas provienen de la versión Reina-Valera 1960. )

 
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