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Los Santos del Antiguo Testamento: Miembros de la Iglesia PDF Imprimir Correo electrónico
Escatologia Biblica - Premilenarismo y Dispensacionalismo

-por Charles H. Spurgeon  

Tomado de La Espada y el Palustre (Sword and Trowel), Marzo, 1867   
(Una Respuesta Bíblica al Dispensacionalismo)

Traducido por Jorge L. Trujillo: 09/20/2006



La siguiente reproducción no tenía firma, y fue presumiblemente escrita por el mismo C. H. Spurgeon como editor.  Se demuestra que la correcta recepción de la sana doctrina ha de combatir por sí misma la noción de que los santos del antiguo pacto están excluidos de la Iglesia.  Las verdades dispensacionales no pueden negar hechos doctrinales. Desde los días de C.H. Spurgeon el error el cual es aquí refutado, ha llegado a ser, tristemente mas generalmente aceptado por los cristianos profesantes.  Confiamos que la reaparición de estas sabias palabras ha de probar ser de gran ayuda a muchos. El artículo, levemente acortado por el espacio, pero aun así sin alterar, fue titulado:

 


 

“Hay Algunos Que os Perturban”  

La historia de la iglesia Cristiana del principio lleva consigo el notable testimonio a la profunda reverencia con la que los creyentes gentiles honraban los nombres de los venerados padres del pueblo Judío.  Estos injertos de una fuente ajena a la verdadera vid se sentían peculiarmente sensitivos sobre la cuestión de sus antepasados.  Los argumentos tan frecuentemente utilizados por el Apóstol Pablo para probar que en Jesús el Cristo no hay diferencia, no fueron suficientes para aliviar sus mentes de la inferioridad.  De la misma forma que ahora podemos suponer que [varias] generaciones deben pasar antes que el negro, no solamente liberado, sino establecido, cese de sentir que su piel oscura traiciona su violento pasado; por eso, existió un sentido de vergüenza cuando reflexionando sobre ellos mismo, y en un sentido de envidia en cuanto a lo concerniente a sus hermanos Judíos, los cuales motivaban los convertidos del evangelio – ya fueran Griegos o Bárbaros – a buscar y establecer algunos puntos de alianza con los benditos patriarcas y profetas de la fe Israelita.  Su extremada credulidad es instructiva. Usted podría persuadirles fácilmente a que se sometieran durante los primeros años a la ordenanza de la circuncisión; ellos muy deseosamente observarían cualquier ayuno o las fiestas, harían largas y tediosas jornadas hacia Jerusalén, o se adaptarían a cualquiera de las costumbres Judaicas, atraídos por la carnada de tentación de tener asociación con la raza favorecida “a la cual pertenecen la adopción, y la gloria, y los pactos, y la promulgación de la ley, y el servicio a Dios, y las promesas; de quienes son los padres, y de los cuales según la carne vino Cristo, quien es sobre todos, bendito Dios para siempre.” La epístola a los Gálatas fue escrita con el especifico propósito de controlar las tendencias judaizantes de aquellas iglesias.  Al perseguir ese objetivo, el Apóstol utilizo una severidad extraordinaria mientras denunciaba los falsos maestros.  Pero su tierna simpatía hacia las débiles conciencias de sus discípulos no es menos conspicua.  Él da y repite con seguridad tras seguridad que sus preocupaciones de inhabilidad no tenían fundamento.  Ellos poseían un titulo indestructible a todas las bendiciones patrimoniales y federales.  Estos fueron sellados por el Espíritu de Dios, y tal se vería comprometido en vez de confirmado por cualesquiera actos carnales.  

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”  

El Error Expuesto  

Un error de clase opuesta ha alcanzado notoriedad en nuestro día.  El elemento Gentil es predominante casi hasta el exclusivismo en la Iglesia Cristiana.  Ocupando un lugar de privilegio el cual nuestros primeros padres no conocieron en su día, se han levantado entre nosotros ciertos hermanos quienes muy disimuladamente al principio, y muy abiertamente después, han despreciado los patriarcas Judíos, y se han jactado para sí mismos un reclamo superior al amor de Dios, y un lugar más alto en los destinos de los cielos que lo que ellos consideran posibles que los que heredaran los santos de la era pre-Cristiana.  ¡Profana contención! No tan pretenciosa como injustificable; no tan atrevida como sin base en la Escritura.  ¿Se admite a debate tal proposición, o es necesario hacer más que referir cada indagador al llano, inequívoco testimonio del Nuevo Testamento?  Así pensamos al principio, mientras que nuestros instintos espirituales se revolvían ante la herejía.  En obediencia al consejo divino --- “Pero desecha las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas.” – Nos hubiéramos contentado con la advertencia al rebaño que nos deleitamos en alimentar.  Por diversas razones, la obligación de otro artículo es forzada sobre nosotros. No damos lugar a nadie con la intensa simpatía que sentimos con los honestos escrúpulos de cada alma que conscientemente busca la luz de la verdad. Si él tal es un penitente quien ha tropezado en el mismo umbral de la revelación, o ya sea un verdadero creyente quien ha caído en las manos de guías peligrosos, y ha venido a ser avergonzado en el esfuerzo por hallar su camino en cuanto a los más profundos misterios de sus cortes interiores, nosotros ofrecemos nuestra oración a Dios por el Espíritu de Sabiduría, que nos ha de capacitar para dirigirle correctamente.  

Diferencia de Dispensación  

Del tenor de la correspondencia recibida, inferimos que no son pocos los sinceros creyentes en Cristo, los que han tenido sus mentes desquiciadas por varios tratados y publicaciones los cuales han sido, en su mayoría, puestos en circulación anónimamente. Su pregunta es, “¿En vista de las varias dispensaciones bajo las cuales ha placido a Dios reunir del mundo un pueblo escogido y fiel, no ha sido reservado para la dispensación Cristiana el componer la compañía privilegiada, la cual, en su unidad, es llamada “la Iglesia”, “la novia de Jesús,” la “esposa del Cordero?” Ya hemos refutado está noción.  Sin embargo, todavía parece ser que en el camino de aquellos que diligentemente escudriñan las Escrituras han sido puestas las piedras de tropiezo, las cuales, por la gracia de Dios, nos proponemos remover. Y, primero de todo, te suplicamos que no te dejes engatusar por ninguna apelación a “los arreglos Dispensacionales de Dios”, sabiendo que, no importando cuanta variedad de ellas hayan habido, Su pacto ha seguido siendo el mismo a través de todos ellos.  Es un mero hecho a que Abel no fue circuncidado, que Noé no observó la Pascua, y Abraham no fue bautizado.  

Solamente Un Pacto de Gracia  

La diferencia de Dispensación no envuelve una diferencia de Pacto; y es de acuerdo al Pacto de Gracia que todas las bendiciones espirituales son otorgadas.  En cuanto al alcance de las dispensaciones estas indican grados de conocimiento, grados de privilegio, y variedad de ordenanza de adoración.  La unidad de la fe no es afectada por estos, tal como somos enseñados en el capitulo once de la Epístola a los Hebreos.  Los fieles de todas las edades concurren mirando a una ciudad, y esa ciudad es idénticamente la misma que la Nueva Jerusalén descrita en Apocalipsis como “una novia adornada para su marido.”

 

Muy ciertamente, amados hermanos, vosotros no debéis tropezar ante el anacronismo de comprometer a Abraham, David y otros, ¡en la hermandad de la Iglesia! Si usted puede entender como nosotros, quienes vivimos bajo la presente economía y, no como aquellos judíos, nunca hemos sido circuncidados, somos sin embargo contados en la verdadera circuncisión, aquellos que adoran a Dios según el Espíritu.  Ni el tiempo ni la circuncisión son fundados en la fe de Abraham.  El se regocijó de ver el día del Mesías; y lo vio y estuvo regocijado. Él creyó en Dios quien “llama las cosas que no son como si fuesen”.  Haría muy bien a nosotros el caminar en las huellas de la misma fe.

La Iglesia en la Tierra no es Perfecta Fue indudablemente con un avance en el conocimiento, privilegio y adoración, luz sin medida, que la dispensación Cristiana, como el reino de Dios sobre la tierra fue inaugurado.  Nosotros lo reconocemos como inaugurado por el ministerio personal de nuestro Señor Jesucristo mismo, testificado por Su Resurrección, y desplegado por el Espíritu de Dios.  ¿Pero quién entre nosotros se aventuraría a pensar que esta economía, bajo la cual somos llamados, en contraste con las economías que la precedieron, es perfecta? ¿Perfecta en qué?  ¿Somos perfectos en conocimiento? En parte conocemos y en parte profetizamos mas cuanto venga lo perfecto lo que es en parte será quitado.  ¿Somos perfectos en privilegio? ¡Tristemente! La gran mayoría de los creyentes caminan en ataduras, fallando ver una clara seguridad del perdón, una total inmunidad al terror de la muerte, o una gozosa anticipación de la gloria que todavía está por ser revelada. ¿Soñaría usted conque somos una organización perfecta? ¡En cuan poca cantidad de veces son todos los componentes de las oficinas de hermandad ocupadas por hombres quienes son movidos y que actúan bajo el Espíritu Santo! ¿Hay en cualquiera de las Iglesias, que reclaman alianza al mandamiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, tal completa presencia de verdaderos creyentes, y tal total exclusión de todas las personas no-santas, como para garantizar nuestra suposición que esa iglesia en particular representa la novia de Cristo?  ¿Fue acaso anticipado en las parábolas del “el Reino de los cielos”, que habría tal cosa?

¿Dónde está la Iglesia en la Tierra? Dejad que los Hermanos de Plymouth definan “la Iglesia” de la cual, por in junción o consentimiento de sus líderes, Abraham, Moisés, David, y otros, “como siervos individuales”, que han de quedar removidos.    Sus “simples papeles” nos dirán, “es la unidad viviente actual con Cristo, y con cada uno de aquellos quienes, desde la resurrección de Cristo, son formados en esta unidad por el Espíritu Santo venido del cielo.”  Tórnese a un lado ahora y mire esté gran cuadro.  ¿En donde ha de ser observado?  ¡En la Iglesia Ecuménica de Roma! ¡En la Iglesia Episcopal establecida por la ley de Inglaterra! ¡En los sectores del Presbiterianismo! ¡Entre las sociedades Metodistas! ¡Entre los congregacionalistas! ¿O está ella, después de todo, dentro de los mismos Hermanos de Plymouth, cuya diversidad y desunión son tan notorias?  Nos aventuramos a sugerir que la Iglesia, la cual es la novia, no tiene contraparte en esta tierra.  Mientras Cristo, Quien es nuestra vida, no sea visible, la vida de los santos está escondida – escondida con Cristo en Dios.  La Nueva Jerusalén está fuera de vista.  La Epifanía de la Iglesia está todavía por ser celebrada.  Esa bella jovencita (en el lenguaje de moda en la corte) todavía no ha hecho su aparición. Ella no ha sido aun introducida. Su aparición será la señal de las festividades nupciales.  No todos los que reclaman ser miembros de la Iglesia en la tierra, porque ellos viven bajo esta dispensación, serán reconocidos en el día del Señor.  Ni el accidente o la circunstancia de haber vivido antes de esta dispensación evitará el reconocimiento de algunos de los santos en una unidad viviente con Cristo en Su aparición.

La Iglesia en “Romanos” y “Gálatas”

Extraemos las siguientes notas de nuestro número de Enero Cosas Nuevas y Viejas, el editor del cual es un caballero el cual es fácilmente reconocido por sus iniciales, así como por su nombre: ‘M.G.’ – Su bondadosa comunicación no nos llegó a tiempo para nuestra edición de Diciembre.  La dificultad en vuestro amigo se levanta, demasiado, debemos decir, de no ver que la iglesia, como tal, no está en la mente del Apóstol en Gálatas ni en Romanos.  Él está hablando de creyentes, y de la base sobre la cual ellos son justificados individualmente ante Dios.  Ellos son justificados por fe, como Abraham lo fue, y por lo tanto, son moralmente hijos de Abraham. Y además, aunque Abraham no perteneció y no pudo pertenecer a un cuerpo el cual no tenía existencia, aparte del propósito de Dios, hasta que la cabeza ascendió a los cielos, aun muy ciertamente, Abraham y todos los santos del Antiguo Testamento han de participar en la gloria celestial.  No dudamos, que demasiadas personas, están confusos ante este punto porque lo hace una cuestión de comparación entre unas personas con otras.  Si fuera un asunto de valor personal, santidad o devoción, Abraham habría de estar por encima del más santo y devoto entre nosotros.  Pero no es ese el asunto del todo, sino simplemente una cuestión de los arreglos dispensacionales de Dios; y si alguien estuviera dispuesto a encontrar falta en estos, nosotros no estamos a discutir con ellos.  Algunos en nuestros días, tienen formas de tornar este tema en un ridículo, lo cual sabe mucho más a astucia que espiritualidad o familiaridad con la Palabra de Dios.  Pero confiamos que nunca hemos de rendir la verdad de Dios, a fin de escapar las lanzas de la ridiculez humana. Aquí está el mismo quid del asunto.  Pero en cuanto al comentario de que el Apóstol Pablo estaba manejando “simplemente una cuestión de los arreglos dispensacionales de Dios” esta visión es tan contraria a aquello que el mismo ha presentado en sus “Notas en Génesis,” solo necesitamos referir nuestros lectores a su propio Comentario en los capítulos 16 y 22 de Génesis para una cándida admisión que la alegoría tomada por Pablo de la historia de Agar y Sara se refería a los pactos, y no las dispensaciones.

Todavía podemos, sin embargo, ser permitidos expresar nuestro profundo asombro en cuanto a la declaración de que la Iglesia no está en la mente del Apóstol ya sea en la epístola a los Gálatas o a los romanos.  Si “Jerusalén la cual es de arriba es Libre”, no se refiere a “la iglesia,” entonces ¿a qué se refiere?  Estamos enterados de que algunos comentaristas lo han interpretado como la Iglesia Militante, mientras que otros lo han interpretado como la Iglesia Triunfante.  Pero todavía están por llegarnos las noticias de que “individuos justificados por Dios” fueron aludidos en cuanto a su maternidad.  Suponiendo que “la Iglesia” no es la madre de todos nosotros, la inferencia se mantiene siendo puesta  transparentemente, “Abraham es el padre de los fieles, pero cada hombre justificado es su propia madre,” qe. ducens ad adsurdum. Que sea esto suficiente.  No tenemos intención alguna de abrir las páginas de esta revista al vano cencerreo.

“El Pacto Sempiterno”

Un estudio serio de esas Escrituras ha de mostrar que “El Pacto Sempiterno” Tal como ha sido gradualmente revelado, hará mucho más que muchos vanos argumentos nuestros para disipar de en medio esas doctrinas extrañas a las cuales nos hemos referido.  Ese pacto fue declarado a Noé; aun fue luego abierto a Abraham e Isaac, fue confirmado a David; Isaías se regocijo en sus misericordias, Jeremías fue privilegiado en relacionar muchas de sus provisiones especiales; y Pablo nos declara en su epístola a los Hebreos que este es el Pacto bajo cuales provisiones la preciosa sangre de Cristo fue derramada;  Es la sangre del Nuevo Pacto.  El sacerdocio de Cristo es declarado ser según el orden de Melquisedec; fue, por lo tanto, revelado en los días de Abraham.  La palabra del juramento por el cual fue consagrado nos es comunicada a nosotros en el Salmo 110, y por lo tanto era bien conocido por David.  De la misma manera, el don del Espíritu Santo, aunque no derramado sino hasta después de la ascensión de Cristo, fue explicado por el Apóstol Pedro, en el día de Pentecostés, como el cumplimiento  de la profecía que fue hablada antes de la Encarnación.  La sucesión dispensacional de eventos no afecta el Pacto.  Si así lo fuera, entonces Abraham no pudiese tener más interés en la economía Judía que en la cristiana, Canaán no fue poseída por su descendencia sino hasta siglos después que la travesía del patriarca por la tierra había terminado.

Participación en la Muerte de Cristo

De no haber tenido alguna participación en la muerte de Cristo, esos creyentes hubieran muerto en sus pecados; pero si estaban interesados en Su muerte, ¿porqué no en todas las bendiciones que le siguen? ¿Se pretende que aunque su bienestar estaba profundamente envuelto en el hecho de que “Jesús murió por esa nación, y no solamente por la nación,” ellos son intencionalmente excluidos de la participación en la inmediata consecuencia – para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos?” De acuerdo a los términos del pacto eterno, y no de acuerdo a la ley, ni siquiera con el tenor de las dispensaciones transitorias, los santos del Antiguo Testamento fueron justificados y aceptados por Dios. El testimonio a la novia no es peculiar al Nuevo Testamento.  Su alabanza y su destino fueron cantados por aquellos que fueron antes.  Y se presenta a nosotros que la discusión completa que ha sido levantada debe excitar un profundo y solmene suspiro de en nuestro pecho.  ¿A dónde ha huido la humildad?  ¿Ha cesado esta de ser la virtud cardinal entre los seguidores del Cordero?

¿Somos uno con los Patriarcas?

Cuando nuestros lectores terminen con esta revista, que tomen el Evangelio de Mateo y lean el capitulo ocho, verso 11: Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” Marque las palabras “reino de los cielos,” tan a menudo utilizada por Cristo para significar la dispensación del Evangelio.  Las próximas palabras hacen esta construcción más obvia: mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Permítanos implorarle a que invierta la pregunta que usted nos ha propuesto.  Esos benditos patriarcas son indudablemente herederos de las promesas.  Cristo los ha reconocido.  Usted no necesita preguntarse si ellos se sentaran con usted, sino su inquisición debe ser ¿Si usted se sentará con ellos en el reino de los cielos?

 



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