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Categoría: Articulos y Ensayos
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Yo nunca hubiese creído en Dios, de no haber sido por la cruz. El único Dios que yo creo es aquel a quien Nietzsche ridiculizó como ‘Dios en la cruz’. En el mundo real del dolor, ¿cómo puede alguien adorar a un Dios inmune a éste? Yo he entrado en muchos templos budistas en distintos países de Asia y me he parado respetuosamente ante la estatua de Buda, con sus piernas entrelazadas, sus brazos cruzados, sus ojos cerrados, el fantasma de una sonrisa en su boca, una mirada lejana en su rostro, separado de todas las agonías del mundo. Pero cada vez, después de un rato, he tenido que dar la vuelta y marcharme. Y en vez, me he vuelto, en la imaginación, a la solitaria, torcida, figura torturada de la cruz, con clavos atravesando sus manos y pies, con la espalda lacerada, las extremidades deformadas, con la frente sangrando por las espinas, la boca seca de sed intolerable, sumergido en la oscuridad de la separación de Dios. ¡Ese Dios es para mí! Él puso a un lado su inmunidad al dolor. El entró a nuestro mundo de carne y sangre, lágrimas y muerte. El sufrió por nosotros. Nuestros sufrimientos se hacen más manejables a la luz de los suyos. Queda todavía un signo de interrogación contra el sufrimiento humano, pero por encima de eso nosotros, valientemente, ponemos la marca de otro símbolo, la cruz, que simboliza el sufrimiento divino. ~ John R. W. Stott, La Cruz de Cristo (1986).