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La Autoridad de la Mujer PDF Imprimir Correo electrónico
Articulos y Ensayos - Temas Controversiales

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El Liderazgo Femenino en la Iglesia
Jorge L. Trujillo

Vivimos en tiempos donde algunas personas insisten en que las mujeres no pueden ejercer autoridad sobre la iglesia y por lo tanto no les permiten ser pastoras ni predicadoras.  Sin embargo tenemos algunas damas que aman a Dios y declaran con toda seguridad que Dios las ha llamado a pastorear y en muchos casos sus llamados han sido confirmados por medio de visiones, sueños, profecías y palabras llenas de unción, conocimiento y sabiduría.  Hoy día nos encontramos a menudo con pastoras, co-pastoras, mujeres obispos y apóstoles femeninos.  Algunas de estas mujeres tienen grandes ministerios y testimonios confirmando que en realidad su llamado es algo que va de acuerdo al propósito divino.

Orden en el huerto

¿Qué dice la Biblia? Esa es la pregunta que debemos contestar honestamente. Debemos considerar que no se trata de lo que tal o cual persona piense sobre el tema, no importando si el o ella piensa que Dios mismo le ha hablado y llamado a tal labor sino que, como cristianos vamos regirnos por lo que dice la Palabra de Dios. Desde el comienzo la Biblia nos enseña que la mujer fue creada por Dios como asistente al hombre.  Ella fue hecha como su “ayuda idónea”. Desde el génesis y antes que entrara el pecado en el mundo vemos entonces que la mujer fue creada con el propósito específico de “ayudar”. El hombre (Adán) sería su líder y autoridad; ella (Eva) sería su asistente.  Desde el mismo principio vemos que Dios no intencionó que la mujer estuviera al mando.  Dios vio que no era bueno que el hombre estuviera solo y creó la mujer como una “ayuda idónea para él” (Gn. 2:18). Vemos entonces que desde el principio el hombre y la mujer están llamados a trabajar juntos, pero la relación no es una ‘igualitaria’ sino ‘complementaria’.

Dios no creó otro hombre idéntico al primero, Dios no trajo otro ‘jefe’ al hombre. Dios creó una mujer y la llamó “ayuda” del hombre. La mujer es parte del hombre, es similar al hombre pero es a la vez diferente, es un complemento para que le ayudara.  Este fue el orden que Dios estableció desde el principio en el huerto del Edén y mucho antes que el pecado entrara al mundo.  Desde el mismo jardín del Edén el hombre fue puesto como encargado y con tal tarea también le fue dada la responsabilidad por las consecuencias. Aunque la mujer es la ayudante, es el hombre quien tiene que rendir cuentas por lo que se le ha encargado, sea bueno o sea malo. Esto es de gran significado para el sexo femenino y hasta liberador para la mujer.

Desorden en el huerto

El diseño original era que el hombre dirigía y la mujer seguía.  Muchos teólogos han notado que una de las razones para la desobediencia del hombre fue que se invirtieron los roles. La mujer, Eva, tomó las cosas por su cuenta haciendo una decisión sin consultar primero con su jefe, Adán.  Adán por su parte no estuvo al tanto de lo que hacía su ayudante y en vez de ser el líder se convirtió en el seguidor.

Después de la caída en pecado, cuando la mujer tomó la iniciativa de obedecer a la voz de Satanás en vez de la de su esposo y por ende la voz misma de Dios, el Creador no llamó a Eva primero sino a Adán. En el texto original hebreo dice literalmente que Dios llamó a Adán:

וַיִּקְרָא יְהוָה אֱלֹהִים אֶל־הָֽאָדָם וַיֹּאמֶר לֹו| אַיֶּֽכָּה׃

Entonces el Señor Dios (Elohim) llamó a ADÁN y la preguntó: ¿dónde estás tú?

En la versión septuaginta Griega del Antiguo Testamento leemos:

κα (y) κλεσεν (llamó) κριος (el Señor) θες (Dios) τν Αδαμ (a ADÁN) κα (y) επεν ( donde estás) ατ Αδαμ (a Adán) πο ε (tu)

Ahora bien, es cierto que a veces la palabra “hombre” (Adán) es utilizada   para referirse al “humano” lo cual incluye tanto al sexo masculino como el femenino (Gen. 1:27). Sin embargo, cuando miramos el uso de la palabra ‘Adán’ desde que se introduce la creación detallada de los sexos en el segundo capitulo libro de Génesis es usada en referencia al hombre es (varón).  Cuando la mujer es introducida a la escena después de ser creada (Gen. 2:22) la palabra utilizada para referirse a ella es “mujer” 'ishshah (varona).

Aunque la mujer fue la primera en pecar, Dios no llama la mujer sino al hombre. Siguiendo el patrón de responsabilidad, fue al hombre (al varón) a quien Dios llamó a cuentas y como tal, el varón fue quien respondió a Dios y esta es la conversación que tuvo con el:

10 Y él respondió: Te oí en el huerto, y tuve miedo porque estaba desnudo, y me escondí. 11 Y Dios le dijo: ¿Quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras? 12 Y el hombre respondió: La mujer que tú me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. 13 Entonces el Señor Dios dijo a la mujer: ¿Qué es esto que has hecho? Y la mujer respondió: La serpiente me engañó, y yo comí.

Tanto el hombre como la mujer cayeron en pecado. De hecho, fue la mujer la primera que pecó, sin embargo, es el hombre y no la mujer quien es llamado por Dios a dar cuentas. ¿Por qué? Porque el hombre era el responsable. La mujer era su “ayudante”. Esto no significa que la mujer no tuviera culpa sino que la mayor culpa era del varón. En la carta a los Romanos dice que “el pecado entró al mundo por un hombre” (Rom. 5:12) y por la desobediencia de un hombre todos fueron constituidos pecadores (Rom. 5:19).

Luego de interrogar al hombre por el pecado cometido, Dios se dirigió a la mujer y le preguntó porque había desobedecido.  La respuesta de la mujer fue que la serpiente (Satanás) la había engañado. La Biblia nos relata la manera en que la serpiente engañó la mujer. Simplemente sembró la duda en su corazón al cuestionar lo que Dios había dicho. La serpiente dijo a la mujer “¿conque Dios ha dicho?” Seguidamente Dios se dirigió a la serpiente y le impuso sentencia.

Es de suma importancia notar que a la hora de llamar a cuentas Dios comenzó con quien más autoridad tenía, siguió con la mujer, la ayudante del hombre y segunda en autoridad y luego terminó con quien menos autoridad tenía.  A la hora de sentenciar el proceso fue al revés. Dios comenzó con quien menos autoridad tenía, la serpiente, siguió con la mujer en segundo lugar y luego terminó con el hombre.

Tanto el hombre como la mujer tuvieron su castigo.  El hombre tendría dificultad en “su labor” y la mujer también tendría dificultad en “su labor” y para ambos sería una tarea dolorosa. La labor principal del hombre era “cuidar la tierra” y la labor primordial de la mujer era “cuidar los hijos”.  Es interesante que aun en nuestro día cuando una mujer va a dar a luz un hijo, se le llama “labor” cuando esta de parto. (Por Ej. “the woman is in labor”, eso es “la mujer está de parto”).

Guerra fuera del huerto

Cuando Dios le da el castigo a la mujer, además de multiplicar sus dolores de parto, también le dice: y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti”. Los estudiosos de este verso concluyen que en el se expresa una lucha de poder entre el hombre y la mujer a causa del pecado. El orden de autoridad establecido por Dios desde el principio había sido revertido por la mujer y ahora ella desearía el lugar de su esposo pero él dominaría sobre ella.

Explicando este pasaje a un grupo de mujeres, Elizabeth Elliot expresa que la mujer tiene la tendencia a ser dominadora. Ella dice: “La combinación de Gen. 3:19 y 4:7 donde se repite la frase de nuevo, nos demuestra que Dios le advierte a Eva que hay una tendencia en ella en querer dominar al hombre pero que Adán no debe permitir que eso ocurra”. Las relaciones entre todo matrimonio se ven a menudo afectadas por esta guerra y en muchos casos la violencia hace estragos en los hogares. Esa, en breves palabras, ha sido la historia de la humanidad.

Cristo en la tierra

Cuando Jesús llegó a la tierra, su ministerio tuvo como característica importante el que muchas mujeres le seguían y le servían (Mt. 27:55; Lc. 8:1-3).  Sin duda alguna las mujeres fueron muy importantes en el ministerio de  terrenal de Jesús. El hablaba con ellas como lo hizo con Marta y María; se preocupaba por su salvación como hizo con la mujer Samaritana; se interesaba por su bienestar físico como lo hizo con su madre María al pie de la cruz; y aun después de su resurrección, las mujeres tuvieron un papel importante en anunciar a los apóstoles que el había resucitado.

No cabe duda que Jesús recibía las mujeres con brazos abiertos y deseaba el bienestar de ellas, aun las pecadoras y rechazadas por el resto de la sociedad. Sin embargo, notamos que cuando llamó sus doce apóstoles, los líderes principales de la iglesia, solamente llamó varones.  Aun después de resucitar, Jesucristo mantuvo los doce apóstoles y cuando llegó la hora de reemplazar a Judas, el que se ahorcó (Hechos 2), se escogió otro varón a pesar de que allí presente había mujeres que llenaban las calificaciones presentadas por los apóstoles.  Más adelante cuando se escoge el último apóstol de la iglesia, Jesús llamó a un varón, a Pablo (1 Cor. 15:8) y no llamó a ninguna mujer.

Redimiendo Relaciones

Por medio del evangelio Dios está redimiendo al hombre de su pecado y su maldad.  No solamente nos salva y nos perdona por nuestros pecados pasados sino que ahora también nos llama a redimir todo lo que está torcido.  El hombre debe ser transformado por el poder del Espíritu Santo. El que mentía, ya no mienta. El que robaba, deje de robar.  Así también la relación del hombre y la mujer debe reflejar la relación de Cristo y la Iglesia.

El llamado es a que el hombre ‘ame’ a su esposa, no que se enseñoree sobre ella y que la mujer se someta a su marido (Efesios 5:22ff).  De esta manera se muestra la relación solemne que existe entre Cristo y su esposa (la iglesia).  Cuando la mujer no se sujeta a su marido sino que sigue teniendo ‘dominio’ sobre él, está violando lo establecido por Dios. Cuando el hombre no ama a su esposa sino que la maltrata y humilla, está desobedeciendo.

El Apóstol Pablo le explica a la iglesia de Corinto la importancia de mantener los roles apropiados. En Gálatas el dice que no hay diferencia entre el hombre y la mujer cuando se trata de la salvación (Gal. 3:28). En 1 Corintios 11 también se enfatiza este principio de igualdad (vs. 11).  Sin embargo, para darle la gloria a Dios es importante seguir los roles de cada uno y el comportamiento bíblico entre el hombre y la mujer. En la iglesia como en el hogar la mujer debe entender el rol que Dios le ha asignado como “ayuda idónea” y no usurpar el “liderazgo” por encima del hombre (1 Cor. 11:1-16).

Volviendo al Edén

Cuando Dios comenzó a establecer su iglesia sobre la tierra en Jerusalén surgieron una serie de contiendas y disputas entre los primeros cristianos:

Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos.

Para resolver este problema se convocaron los apóstoles y se escogieron personas para resolver este problema entre las mujeres.  Cualquiera pudiese pensar que la mejor manera de resolver el problema era poniendo una mujer a cargo para que comprendiera mejor la situación. Sin embargo, no fue eso lo que ocurrió.  Se escogieron siete varones “llenos del Espíritu y de Sabiduría” (Hch. 6:3) para que dirigieran sobre el repartimiento del pan y trajeran la armonía entre ellos.  Estos hombres eran ayudantes de los apóstoles y más tarde son llamados ‘diáconos’ y a formar parte del liderazgo de la iglesia (Fil. 1:1-3).

Finalmente, ya casi al final de la Biblia, encontramos que Pablo le escribe a Timoteo y a Tito que a la hora de ordenar el liderazgo de la iglesia correctamente y de la manera en que les fue mandado (Tim. 3:14 y Tito 1:5). Timoteo no debe permitir que las mujeres tomen autoridad sobre los varones: “yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada” (1 Tim. 2:12). Algunos en nuestro día rechazan la clara instrucción apostólica como algo cultural, regional, anticuado y machista.  No obstante, las razones que Pablo ofrece para su mandamiento no son culturales, ni pasajeras, ni sexistas sino que son totalmente teológicas. El dice esto: 13 Porque Adán fue creado primero, después Eva. 14 Y Adán no fue el engañado, sino que la mujer, siendo engañada completamente, cayó en transgresión. 15 Pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santidad, con modestia.”

Las razones de Pablo para que la mujer no ejerza el control o dominio sobre el varón son tres. Primeramente el orden de la creación “Adán fue creado primero”. Segundo el fracaso de Eva quien al tomar el lugar que no le correspondía “fue  engañada completamente y cayó en transgresión” y tercero la mujer debía permanecer en el rol para la cual fue creada como ayuda idónea del hombre. Su atención debe estar primordialmente puesta en el hogar, “la crianza (engendrando) sus hijos”.

Luego de prohibir que la mujer ocupe el lugar de autoridad y enseñanza en la iglesia, Pablo provee una lista de calificaciones para los líderes, tanto obispos (supervisores), titulo aplicado a menudo en el Nuevo Testamento a los pastores o ancianos de las iglesias quienes son los encargados de enseñar y velar por la obra de Dios como así también a los ‘diáconos’ que son parte del liderazgo. En 1 Tim. 3 y Tito 2  Pablo indica que deben ser varones quienes ejercen el obispado y el oficio de diaconado en la iglesia.

El liderazgo en el hogar y en la iglesia ha sido puesto en manos del varón. Ya que esto es tan claro, una cosa sí es importante entender; si alguna mujer dice que “Dios” la llamó a pastorear o la puso en autoridad sobre el varón, nos queda claro que en realidad quien se lo dijo no fue Dios porque Él no contradice Su Palabra. Quien contradice lo que Dios dice es Satanás y dirá lo mismo que dijo desde el principio “¿Conque Dios ha dicho?”.  La pregunta que debemos hacernos al final es ¿obedeceremos la Palabra de Dios?

Sin duda alguna, son muchas las preguntas que surgen de esto. ¿Qué puede hacer entonces la mujer? ¿Se va a quedar sentada en la banca? ¿Qué ministerios puede ejercer? La respuesta y ejemplo está en la Biblia y obedeciendo la Palabra de Dios es donde está la bendición.  Las mujeres del Nuevo Testamento eran muy útiles, hacían mucho y colaboraban con el ministerio de Cristo y los apóstoles sin ser ni ‘apóstolas’, ni ‘obispas’ ni ‘pastoras’.  La mujer fue creada para ser “ayuda idónea” del hombre. Por lo tanto, la mujer puede hacer todo aquello que no usurpe el lugar de autoridad que Dios en su diseño y sabiduría ha delegado al varón.  El hombre es quien debe pastorear, enseñar y dirigir sobre los asuntos espirituales y los negocios de la iglesia. Mientras sea obediente a eso, la mujer cristiana puede hacer todo lo que Dios ponga en su corazón y así encontrará su verdadera autoridad y agradará a Dios con su obediencia.


July 12, 2014.


 
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